Garbarino, la histórica cadena de electrodomésticos argentina, atraviesa sus últimos días tras declararse en quiebra. La empresa, que supo ser líder del sector con más de 300 sucursales y alrededor de 5.000 empleados en todo el país, hoy liquida el stock remanente en sus locales aún abiertos.
La venta directa incluye productos de gran demanda como heladeras, lavarropas, cocinas y televisores, además de pequeños electrodomésticos —pavas eléctricas, freidoras, tostadoras— y artículos de computación.
El caso simboliza el ocaso de un gigante que durante décadas fue referencia obligada en el mercado argentino de tecnología y hogar. La expansión de nuevas plataformas de comercio electrónico, la competencia de cadenas más ágiles y el contexto económico adverso terminaron por erosionar un modelo de negocio basado en una amplia red de locales físicos.
La liquidación actual no solo marca el final de una marca emblemática, sino que también refleja el cambio de hábitos de consumo en el país: menos compras presenciales y mayor migración hacia el comercio digital.
En abril de 2026, la justicia decretó la quiebra y ordenó el cierre de sus últimos locales en CABA, iniciando la liquidación total de stock tras años de crisis. La medida, a cargo del Juzgado Nacional en lo Comercial N.º 7, liquida bienes para saldar deudas.




