El nivel de incumplimiento en los pagos de los hogares registró un nuevo aumento en febrero, reflejando las dificultades que atraviesan muchas familias para sostener sus compromisos financieros. Según datos recientes, la morosidad alcanzó el 11,2%, marcando un incremento significativo en comparación con los últimos meses de 2024.
El dato expone un deterioro en la capacidad de pago, en un contexto donde los ingresos no logran acompañar el ritmo de los gastos cotidianos. En este escenario, el uso del crédito —especialmente a través de tarjetas y préstamos personales— se convirtió en una herramienta habitual para cubrir consumos básicos.
La suba en los niveles de mora también genera preocupación en el sistema financiero, ya que impacta en la dinámica del crédito. Un mayor número de atrasos puede derivar en condiciones más restrictivas para acceder a financiamiento, afectando tanto a usuarios como al consumo general.
De esta manera, el incremento de la morosidad funciona como un indicador del estado de las economías domésticas, evidenciando un escenario en el que cada vez más hogares enfrentan dificultades para sostener su estabilidad financiera.




