En la previa de Semana Santa, uno de los períodos de mayor movimiento comercial del calendario, los precios de alimentos típicos comienzan a mostrar ajustes que impactan directamente en el bolsillo de los consumidores. Con incrementos en productos esenciales para las preparaciones tradicionales, el escenario combina subas moderadas en algunos rubros y aumentos más marcados en otros.
Entre los productos que lideran las variaciones aparece el almidón, un insumo clave en la gastronomía regional, que registró subas consecutivas en las últimas semanas. Tras incrementos en febrero y marzo, el precio por kilo se ubicó por encima de los 2.000 pesos, consolidando una tendencia alcista vinculada a la menor disponibilidad y a factores productivos.
En el rubro lácteo, el queso volvió a ajustarse luego de un período de estabilidad de casi tres meses. Si bien la suba se mantuvo en niveles moderados —entre el 4,5% y el 6%—, marca un cambio en la dinámica de precios que venía mostrando el sector.
Otro de los productos que refleja movimientos es el huevo, protagonista habitual en esta época del año. Luego de haber experimentado una baja en los primeros meses, el precio del maple retomó valores cercanos a los 6.500 pesos, evidenciando una recuperación asociada a las condiciones propias de la producción avícola.
En paralelo, las expectativas se concentran en el comportamiento del maíz y el choclo, insumos fundamentales para platos típicos de Semana Santa. En este caso, el factor climático aparece como determinante: las lluvias y la producción local serán claves para definir el nivel de oferta y, en consecuencia, los precios.
A pesar de los incrementos, el abastecimiento se mantiene sin inconvenientes, aunque con valores actualizados. Sin embargo, el contexto económico también se refleja en el consumo: marzo comenzó con una retracción en las ventas, una tendencia estacional que este año se ve profundizada por la necesidad de ajustar gastos. En ese escenario, los consumidores priorizan, sustituyen productos y buscan alternativas para sostener sus hábitos en medio de precios en alza.
Así, la antesala de Semana Santa se presenta con un mercado activo pero condicionado, donde la tradición se mantiene, aunque cada vez más atravesada por la evolución de los precios y la capacidad de compra.





