La crisis de Lácteos Verónica se profundiza y mantiene en vilo a 700 trabajadores. La compañía tiene sus tres plantas paralizadas en Santa Fe desde mediados de enero, dejó de pagar salarios —en algunos casos desde diciembre— y acumula cheques rechazados por más de $13.600 millones.
Sin producción ni ingresos, el futuro de una de las históricas lácteas del país es incierto.
Propiedad de la familia Espiñeira, la firma mantiene inactivas sus instalaciones en Lehmann, Suardi y Clason, todas en Santa Fe. Tras la finalización de contratos a fasón, dejó de ingresar leche a las fábricas, lo que derivó en producción nula. Según registros del Banco Central de la República Argentina, la empresa emitió 3.896 cheques sin fondo por casi $13.626 millones. A eso se suma una deuda con tamberos estimada en US$ 60 millones y compromisos impagos con proveedores.
Los trabajadores denuncian atrasos salariales de enero, febrero y el medio aguinaldo. «Prácticamente nos dejaron, estamos abandonados. Los dueños no toman una decisión, no producen, no venden, no hacen nada, entonces la situación es compleja», afirmó Ricardo Villarroel, empleado con más de 35 años de antigüedad en la planta de Lehmann. Y agregó: «No podemos afrontar nuestras obligaciones, nuestras cuentas y naturalmente la cosa día a día se aprieta más porque no hay ya ni para la comida».
Mientras tanto, los operarios realizan marchas y asambleas en las puertas de las fábricas. El sábado pasado, unas 500 personas se concentraron en Lehmann para exigir respuestas. Desde el gremio Asociación de Trabajadores de la Industria Láctea (Atilra) buscan una salida en la Secretaría de Trabajo, aunque algunos empleados cuestionan la falta de información y resultados concretos.
El Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA) ubicó a la empresa en el décimo puesto del ranking sectorial entre junio de 2024 y julio de 2025, con un procesamiento diario de 577.000 litros, equivalente al 1,9% del total nacional. Hoy, sin producción y con rumores de venta o ingreso de inversores que no se concretan, la incertidumbre domina el panorama. «Nos dicen ‘ya vamos a salir, esperen’, pero ¿sabés cuánto hace que venimos escuchando eso? Meses. Ese esperar hizo que llegáramos a esto», resumió otro trabajador. (El Economista)




