Para nadie es un secreto que el Club Atlético River Plate es uno de los clubes más reconocidos en el ámbito del fútbol a nivel mundial, ya que su historia ha dejado una marca indeleble en el deporte sudamericano, construida sobre una identidad de juego estético y ambición competitiva. De hecho, el «Millonario» ha vivido episodios desde sus inicios en el barrio de La Boca hasta su consolidación definitiva en Núñez que marcan la esencia del fútbol argentino, ofreciéndoles a los momentos de mucha emoción y un palmarés de trofeos excepcional, forjando una filosofía que ha perdurado por más de cien años.
Asimismo, la historia del club ha sido caracterizada por épocas doradas y personalidades que han ido más allá de la cancha para transformarse en leyendas culturales. Hoy en día, se sigue a la institución por medio de diversas plataformas que brindan estadísticas, datos y análisis detallados de cada partido. De hecho, al navegar por diversos portales de autoridad en busca de novedades o el mercado de pases, es habitual encontrar información técnica que incluye el código promocional betsson, integrándose de manera natural en la oferta de servicios digitales para el hincha moderno. Evidentemente, esta digitalización permite que la historia del club esté más presente que nunca, facilitando el acceso a reseñas históricas y crónicas que mantienen viva la memoria de las hazañas del equipo.
El nacimiento de una identidad
En la década de 1940, River Plate presentó al mundo una formación que cambiaría la forma de entender el juego; Juan Carlos Muñoz, José Manuel Moreno, Adolfo Pedernera, Ángel Labruna y Félix Loustau conformaron la delantera más famosa de la historia argentina: «La Máquina». Asimismo, este equipo no solo se destacó por la obtención de títulos, sino por un despliegue táctico revolucionario para la época, basado en la rotación de posiciones y un control absoluto del balón.
Cabe destacar que este quinteto tuvo una influencia tan grande que estableció las bases del estilo que el Estadio Monumental exige hoy en día: ganar, gustar y golear. Pedernera, desempeñando el rol de un falso nueve antes de que se conociera la palabra, dirigía un juego en equipo que maravilló a los propios y extraños. De hecho, la Máquina no solo tuvo el dominio del ámbito local, sino que además se volvió una referencia ineludible para el fútbol total que emergió en Europa años más tarde.
La gloria del mundo en 1986
El año 1986 representa el momento más alto de River Plate a nivel internacional. Y es que con Héctor «Bambino» Veira al mando, el equipo alcanzó tres victorias sin parangón: la Copa Intercontinental, la primera Copa Libertadores y el campeonato local. Aunado a esto, el equipo de Núñez, con figuras como Norberto Alonso, Oscar Ruggeri y Antonio Alzamendi, logró una eficacia ofensiva y una solidez defensiva que lo condujeron a ocupar el primer lugar.
Indudablemente, la final de Tokio contra el Steaua de Bucarest fue el punto más destacado, ya que el gol de Alzamendi, que vino después de un tiro libre ejecutado rápidamente por el «Beto» Alonso, hizo posible que River se coronara campeón mundial. Evidentemente, esa victoria rompió un estigma a nivel internacional y estableció que esa generación era una de las más atrevidas y equilibradas que han llevado la banda roja.
El renacimiento y la Copa Libertadores 1996
Tras una década de espera y con un equipo que combinaba juventud y experiencia, River Plate volvió a ser campeón de América en 1996. Y es que, en su primer periodo como técnico, Ramón Ángel Díaz logró unir a un equipo capitaneado por Enzo Francescoli, que había vuelto al club con el objetivo de levantar el trofeo continental.
La final contra el América de Cali en un Monumental colmado es recordada por los dos goles de Hernán Crespo y la actuación estelar de un joven Ariel Ortega. Ese equipo, que también contaba con Matías Almeyda y Juan Pablo Sorín, desplegaba un fútbol ofensivo y voraz que dominó la escena sudamericana a mediados de los noventa, logrando también el recordado tricampeonato local y la Supercopa 1997, siendo uno de los tantos momentos de gloria.
El ciclo de Marcelo Gallardo, la reconstrucción total
Uno de los grandes logros que maravilló a los aficionados fue la llegada de Marcelo Gallardo a la dirección técnica en 2014, ya que esta marcó el inicio de la era más exitosa y consistente en la historia moderna de la institución. De hecho, el “Muñeco” no solo acumuló trofeos, sino que refundó la mentalidad competitiva del club. Durante su ciclo de ocho años, River se volvió un actor constante en las etapas finales de todas las competiciones internacionales, basando su éxito en una presión alta asfixiante y una resiliencia inquebrantable.
El club ganó dos Copas Libertadores (en 2015 y en 2018), una Copa Sudamericana, tres Recopas y varios campeonatos nacionales bajo su dirección. Asimismo, la habilidad de regeneración del plantel fue lo más notable de este periodo; aunque las figuras salieron continuamente hacia el fútbol europeo, el cuerpo técnico consiguió sostener un nivel sobresaliente que colocó a River como el mejor equipo en Sudamérica durante la mayor parte de la década.
La final eterna, Madrid 2018
En el ciclo de Gallardo, hay un acontecimiento que brilla más que cualquier otro, y ese es la final de la Copa Libertadores 2018. De hecho, en la etapa decisiva del campeonato más relevante del continente, por primera vez en la historia, se encontraron los dos clubes más importantes de Argentina. Tras el empate en el partido de ida y la postergación de la vuelta, el escenario se trasladó al Estadio Santiago Bernabéu en Madrid.
Aquel 9 de diciembre fue el día que quedó registrado como el más feliz para los seguidores riverplatenses, ya que los tantos anotados por Gonzalo Martínez, Juan Fernando Quintero y Lucas Pratto sellaron un 3-1 memorable que recorrió el mundo entero. Este triunfo no solo representó la cuarta Copa Libertadores para el club, sino que se posicionó como el hito más relevante en la rivalidad deportiva del país, elevando la jerarquía de la institución a niveles nunca antes vistos.




