La Argentina volvió a retroceder en el ranking mundial de libertad de prensa elaborado por la organización internacional Reporteros Sin Fronteras, en un informe que encendió alertas por el deterioro sostenido del ejercicio periodístico en el país y el aumento de tensiones entre el poder político y los medios de comunicación. El estudio advierte que este escenario no es aislado, sino parte de una tendencia que viene profundizándose en los últimos años y que impacta directamente en el trabajo diario de periodistas y equipos de prensa.
Según el relevamiento, la Argentina se ubica en el puesto 98 entre 180 países evaluados, lo que implica un descenso respecto de mediciones anteriores y la aleja de los estándares considerados óptimos en materia de libertad de expresión. RSF señala que este retroceso responde a un contexto marcado por la creciente confrontación pública entre autoridades y la prensa.
El informe también advierte sobre un clima de mayor tensión institucional, donde los discursos oficiales y las respuestas públicas hacia periodistas contribuyen a un entorno más hostil para el ejercicio de la profesión. En ese marco, se menciona que la relación entre gobierno y medios se ha vuelto más conflictiva.
Otro de los puntos señalados es la existencia de episodios de agresiones y situaciones de violencia durante coberturas periodísticas, especialmente en manifestaciones y eventos de alta exposición pública. Estos hechos generan preocupación por el impacto directo en la seguridad de los trabajadores de prensa.
RSF sostiene que este tipo de situaciones puede derivar en efectos de autocensura o limitaciones indirectas al momento de informar, lo que afecta la pluralidad de voces en el espacio público.
En paralelo, el informe global indica que la libertad de prensa atraviesa uno de sus niveles más bajos en los últimos 25 años a nivel mundial, con retrocesos en distintas regiones y democracias consolidadas.
En ese contexto, la situación argentina aparece como parte de una tendencia más amplia de debilitamiento de garantías para el ejercicio periodístico, aunque con características propias vinculadas al escenario político local.
El debate vuelve a instalarse sobre el rol de la prensa, los límites del discurso público y la necesidad de fortalecer las condiciones institucionales para el ejercicio periodístico, en un contexto donde las advertencias internacionales se vuelven cada vez más frecuentes.




