La cadena de indumentaria Le Utthe vuelve a quedar en el centro de la escena, pero esta vez no por su expansión ni por nuevas inversiones, sino por el cierre de otra sucursal en territorio bonaerense. El caso de Pergamino suma una nueva señal de retroceso comercial para una marca que, hasta hace poco, se mostraba como uno de los nombres de mayor crecimiento en el rubro.

El local ubicado en la peatonal San Nicolás y San Martín cerró sus puertas de manera definitiva y en las últimas horas avanzó el retiro de mercadería, mobiliario y otros elementos del comercio. La noticia generó preocupación entre los trabajadores, que ahora aguardan alguna alternativa para recuperar su fuente laboral, en medio de un escenario que expone el costado más duro del enfriamiento del consumo.
El dato no pasa inadvertido porque no se trata de un hecho aislado. También trascendió el cierre de otra sucursal de Le Utthe en Buenos Aires, lo que empieza a reforzar una lectura incómoda para la firma: la caída de ventas ya no aparece solo en los balances o en las advertencias del sector, sino también en decisiones concretas sobre la estructura comercial.
La situación contrasta con el perfil que la empresa había mostrado en los últimos años. Con más de 50 sucursales en el país, Le Utthe logró posicionarse como una de las marcas de indumentaria más populares de la Argentina, apalancada en una fuerte presencia en centros urbanos, precios competitivos y una estrategia de crecimiento sostenido. En 2023, incluso, había anunciado una inversión de 10 millones de dólares para avanzar con una nueva fábrica en la provincia de Buenos Aires, incorporando hilandería, tejeduría y tintorería.
Ese anuncio había sido leído como una muestra de consolidación y músculo industrial. Pero el presente ofrece una postal muy distinta: mientras la empresa proyectaba ampliar su planta productiva, ahora empieza a bajar persianas en algunos de sus locales. En otras palabras, el plan de crecimiento convive hoy con un ajuste obligado por un mercado que dejó de responder como antes.
La pregunta que sobrevuela es inevitable: cuánto de este repliegue responde a una estrategia puntual y cuánto revela un golpe más profundo por la retracción del consumo. Por ahora, lo visible es que la marca comenzó a recortar presencia comercial justo cuando el contexto económico aprieta más fuerte sobre el sector.
Y ahí aparece el dato más sensible. Porque detrás de cada sucursal que cierra no solo hay una decisión empresaria: también quedan trabajadores en vilo, mostradores vacíos y una señal concreta de que la crisis del consumo ya no distingue entre comercios chicos o marcas consolidadas.




