Los Programas Ahora implementados en Misiones desde 2016 funcionan como una política de estímulo al consumo local, especialmente en un contexto de economía de frontera donde los consumidores misioneros enfrentan precios más competitivos en Brasil y Paraguay. En un artículo de opinión publicado en su blog de ensayos y reflexiones sobre medidas del gobierno provincial, el PosDr. Darío Ezequiel Díaz sostiene que estos programas buscan sostener el poder adquisitivo de los hogares y formalizar la economía provincial mediante reintegros, cuotas sin interés y precios bonificados en distintos rubros.
La arquitectura de los programas es segmentada y específica. Existen más de quince modalidades que atienden distintos sectores: Ahora Misiones se enfoca en indumentaria, calzado y electrónica con reintegros de entre 15 y 25%; Ahora Bienes Durables abarca electrodomésticos y muebles; Ahora Construcción ofrece beneficios sobre materiales y sanitarios; y Ahora Pan asegura precios máximos bonificados para productos esenciales. Cada programa opera en días y horarios determinados, buscando cubrir necesidades sectoriales y demográficas diferenciadas.
Un rasgo central de los programas es su modelo de cofinanciamiento tripartito. El Estado provincial asume alrededor del 60% del costo, mientras que bancos y comercios absorben el resto. Según Díaz, esta distribución permite que todos los actores tengan incentivos para el éxito del programa: los comercios incrementan ventas y sostienen sus costos fijos, los bancos fidelizan clientes, y la provincia logra mayor formalización económica y recaudación tributaria.
La efectividad de los programas se refleja en la estimación del multiplicador regional, que mide el impacto del gasto local sobre el ingreso agregado. Considerando propensiones marginales al ahorro, impuestos y a importar, se calcula que el multiplicador sin programa sería de 1,67, mientras que con los Programas Ahora asciende a 2,50. Díaz destaca que esto indica que cada peso invertido genera un efecto adicional significativo en la economía provincial, reteniendo consumo que de otro modo se dirigiría a comercios fuera de la provincia.
Además, la estimación incluye un análisis de sensibilidad que muestra que incluso bajo escenarios pesimistas —mayor ahorro, mayor presión tributaria y menor efecto de retención— el multiplicador con programa mantiene un valor igual o superior al multiplicador sin programa. Según el autor, esto evidencia la robustez de la política como mecanismo de estímulo económico en el corto y mediano plazo y la capacidad de adaptarse a variaciones estructurales del consumo regional.
Sin embargo, la sostenibilidad de los programas plantea interrogantes. La elevada dependencia del comercio local respecto de los programas, que puede alcanzar hasta el 70% de la facturación en días de vigencia, genera incertidumbre sobre cómo se comportaría el mercado ante una eventual discontinuidad de los beneficios.
Díaz aclara que los programas funcionan como un amortiguador contracíclico, pero no reemplazan estrategias de desarrollo productivo de largo plazo, por lo que su continuidad es clave para mantener el impacto económico.
En conclusión, los Programas Ahora representan un instrumento clave para sostener el consumo y la formalización en Misiones, adaptando la teoría del multiplicador regional a las condiciones de una economía de frontera.
El autor subraya que su éxito depende de la continuidad de la política, del compromiso compartido entre Estado, bancos y comercios, y de la capacidad de mantener incentivos efectivos frente a la competencia transfronteriza, consolidando un circuito virtuoso de consumo local que protege empleo y genera previsibilidad para los hogares misioneros.




