El fisicoculturismo no empieza el día de la competencia. Mucho antes de subir al escenario, antes de las luces, las poses, el bronceado, el pesaje y los aplausos, hay una batalla más silenciosa: la del entrenamiento diario, la dieta estricta, la cabeza fuerte y el cuerpo llevado al límite. En esa etapa se encuentra hoy el misionero Jorge Sartori, quien se prepara para competir el próximo 20 de junio en Ciudad del Este, Paraguay, en el Maskel Contest, una competencia que por primera vez se realizará en Sudamérica fuera de Brasil.
En diálogo con Jorge Kurrle y Mauro Heidel, Sartori contó que ya ingresó en la última fase de preparación, esa semana decisiva donde cada detalle cuenta. No se trata solamente de entrenar fuerte: también hay que regular el agua, el sodio, la glucosa, el peso, la definición y la energía. Es el tramo más fino y también el más duro del proceso.

Cuando Jorge Kurrle le preguntó cómo venían sus días de cara a la competencia, Sartori fue claro: está atravesando la última semana de dieta y corte, una etapa donde se ajusta todo para llegar en la mejor condición posible al día de la presentación. “Se hace una puesta a punto, una semana de preparación, donde hay regulación de agua, de sodio, de glucosa, y se afinan los detalles”, explicó.
Y entonces dejó una frase que resumió todo:
“Básicamente estoy pasando hambre”.
La dijo con naturalidad, incluso con humor, pero detrás de esa frase aparece el verdadero rostro del deporte. Porque en el fisicoculturismo, el cuerpo que se ve arriba del escenario es apenas el resultado final de un proceso mucho más exigente. Hay meses de volumen, meses de entrenamiento, comidas medidas, renuncias, cansancio, soledad y una disciplina que no admite demasiadas excusas.
Sartori lo definió de una manera muy gráfica:
“Uno durante el año en una preparación tiene 10 meses de felicidad y 2 meses de sufrimiento, de juegos del hambre”.
Sin embargo, aclaró que quienes aman esta disciplina no lo viven únicamente como padecimiento, sino como parte del camino.
“Como nos gusta el sacrificio, no lo tomamos como un sufrimiento, sino como una etapa de que se acerque a lo que venimos buscando”, remarcó.
En ese punto, la charla dejó de ser solamente deportiva y mostró una dimensión más humana. Sartori confesó, entre risas, que en medio de la dieta estricta sueña con algo bien simple: “Una pastafrola de batata y coco”. Esa imagen, casi familiar, expuso el contraste entre el atleta que se prepara para competir y la persona que también atraviesa deseos cotidianos, tentaciones y ansiedad.
El misionero explicó que su última competencia también había sido en Ciudad del Este, entre diciembre de 2024 y 2025, y que después decidió tomarse un tiempo para estar más con su familia y preparar mejor el regreso. Reconoció que el culturismo demanda mucho: tiempo, constancia y una planificación que muchas veces impacta en la vida personal. “Esto te quita tiempo”, admitió.
Durante ese período, trabajó con un coach de Brasil para meterse más en el mundo de la elite del fisicoculturismo brasileño, observar qué hacen distinto y elevar su propia preparación. La meta inicial era competir en el Arnold Classic, en mayo, pero por cuestiones personales no pudo hacerlo. Entonces, junto a su entrenador, reprogramó el calendario y encontró en Paraguay una oportunidad cercana, tanto en fecha como en distancia.
El Maskel Contest no será una competencia menor. Sartori explicó que se trata de una franquicia nacida en Brasil y ligada al circuito de la NPC, la estructura que conduce hacia competencias de mayor nivel y que puede abrir puertas hacia torneos profesionales. Aunque el evento de Ciudad del Este es regional, tendrá presencia de figuras importantes del ambiente brasileño, lo que eleva la exigencia para todos los participantes.
“Vienen figuras de renombre del ámbito de Brasil”, contó Sartori, y remarcó que eso obliga a presentarse en una condición de alto nivel, “como si fuera un torneo importante de las Grandes Ligas”. Allí aparece otro punto clave: para competir no alcanza con estar bien; hay que llegar al escenario en el momento justo, con el físico afinado al detalle.
Sartori competirá en Bodybuilding Open y también en Master, la categoría que permite a los atletas de más de 40 o 45 años medirse dentro de una división por edad. En su última competencia había participado hasta 80 kilos, pero ahora irá en una categoría superior, hasta 90 kilos, producto del trabajo realizado durante este año de preparación.
Durante la entrevista, Mauro Heidel marcó también la importancia de competir en Paraguay, especialmente por el peso que tiene Brasil en el culturismo regional. Sartori coincidió y destacó que el fisicoculturismo brasileño está varios escalones arriba del resto de Sudamérica. Incluso recordó que Brasil cuenta con figuras de nivel mundial, como Ramón Dino, actual referencia internacional en la categoría Classic Physique.
Pero más allá de los nombres y las categorías, la charla volvió una y otra vez al esfuerzo. Porque detrás de una imagen de gimnasio o de una foto de competencia, hay un proceso sostenido. Sartori aclaró que el culturismo no se trata simplemente de levantar cada vez más peso, como ocurre en otras disciplinas de fuerza, sino de hipertrofia muscular, técnica, repeticiones, progresión, alimentación y control absoluto del cuerpo.
“Nosotros en el culturismo no nos dedicamos a mirar cuánto levantamos”, explicó.
El objetivo no es batir récords semanales, sino construir un físico, corregir detalles, generar volumen donde hace falta, definir cuando llega el momento y sostener una forma corporal que responda a los parámetros de la competencia.
La agenda de Sartori no termina en Paraguay. Después del Maskel Contest, su idea es continuar la preparación con la mira puesta en la Olimpia de Sudamérica, que se realizará en San Pablo en octubre. Luego, hacia fin de año, también aparece en el horizonte el World Muscle Show, previsto en Buenos Aires. Por eso, esta competencia será apenas el primer paso de una temporada más extensa.
En la despedida, Jorge Kurrle le pidió que mantenga al tanto al equipo y que envíe imágenes de su participación. Sartori reconoció que le cuesta un poco el mundo de las redes sociales, pero adelantó que esta semana tendrá más tiempo para entrenar tranquilo, hacer la puesta a punto y documentar el proceso.
La historia de Jorge Sartori muestra una parte del deporte que muchas veces queda fuera de cámara. El público suele ver la foto final: el cuerpo marcado, la pose, la definición y el resultado. Pero antes de eso hay un recorrido menos visible: el hambre, el sacrificio, la rutina, el cansancio y la decisión de seguir incluso cuando el cuerpo pide otra cosa.
Por eso, su frase quedó resonando más allá del humor: “Básicamente estoy pasando hambre”. No como una queja, sino como una síntesis del precio que elige pagar quien busca llegar a una tarima en su mejor versión. En el fondo, Sartori está contando que competir también es eso: entrenar cuando cuesta, ajustar cuando incomoda, resistir cuando aparece el deseo y sostener la cabeza firme hasta el último día.
Porque en el fisicoculturismo, el músculo se construye con peso, pero la competencia se gana mucho antes: en la disciplina silenciosa de cada jornada.




