Redacción C6Digital- Por Jorge Kurrle
No fue una celebración más. En la nueva sede que la Iglesia de Dios de Posadas construye sobre avenida López y Planes, la prédica tuvo un marco especial: el mensaje de la Pascua se mezcló con otra emoción visible, concreta, palpable. La felicidad de la comunidad también pasó por ver cómo avanza el nuevo templo, un espacio que muy pronto será inaugurado y que ya despierta expectativa entre los fieles.
Con un mensaje centrado en la Semana Santa, la congregación recorrió el tramo más intenso de la vida terrenal de Jesús: desde la entrada triunfal en Jerusalén hasta el dolor de la cruz, el silencio del sábado y la esperanza de la resurrección.

El eje estuvo puesto en ese “sábado de silencio” que vivieron los discípulos tras la crucifixión. Allí se trazó un paralelo directo con las crisis humanas: los momentos de incertidumbre, dolor, angustia y desconcierto que atraviesan las familias, los matrimonios y hasta la vida espiritual. Pero lejos de quedarse en el dramatismo, el mensaje insistió en una idea que atravesó toda la celebración: Dios sigue obrando aun cuando parece que no pasa nada.
“El tercer día viene” fue una de las expresiones que más resonó en la noche, en una invitación clara a no vivir anclados en el dolor ni en el pasado. En su prédica, el pastor Antonio Pedros remarcó que muchas veces los creyentes quedan atrapados en ese “sábado”, en ese tiempo de espera donde todo parece detenido, pero el corazón del mensaje cristiano no termina en la tumba, sino en la victoria de la resurrección.

También hubo una fuerte reivindicación del verdadero sentido de la Pascua. Se dejó en claro que no se trata de símbolos vacíos ni de tradiciones comerciales, sino de la resurrección de Cristo como núcleo de la fe cristiana: Jesús murió, pagó la deuda del pecado y volvió a la vida para abrir una esperanza nueva.
En el cierre, la oración estuvo dirigida especialmente a las familias que atraviesan tiempos difíciles, a quienes viven “sábados eternos” de tristeza, desaliento o crisis. El llamado fue a no perder de vista las promesas y a reafirmar la fe en medio de cualquier proceso.

Pero además de la palabra, la noche dejó otra imagen poderosa: la del nuevo templo en plena construcción. Cada avance de obra en la sede de López y Planes fue vivido con alegría por una comunidad que ve cada vez más cerca la concreción de un sueño largamente esperado.
No solo crece una estructura. También se fortalece una identidad, una pertenencia y un sentido de futuro. En ese cruce entre fe, esperanza y obra, la celebración tuvo un valor doble: por un lado, el mensaje pascual; por otro, la emoción de ver que la nueva casa espiritual está cada vez más cerca de abrir sus puertas.
Porque esta vez, en López y Planes, la fe no solo se predicó: también se vio levantar ladrillo a ladrillo.




