Durante los últimos años, científicos especializados en el estudio del cerebro pudieron demostrar que nuestra sensación de dolor crece si nos avisan con anticipación que es lo que nos van a decir. Eso anticipa el futuro estado de ánimo, generando que cuando el estímulo (insultante, por ejemplo) nos provoque una profunda sensación de malestar.
En esta línea, un grupo de investigadores de la Universidad holandesa de Radboud-Nijmegen lo comprobaron analizando a más de cien voluntarios y sometiéndolos a una serie de pruebas.
«Las palabras pueden predisponernos, porque crean expectativa», declaró el neurólogo Arturo Goicoechea, uno de los miembros del equipo. Y agrega que «éstas (las palabras) modifican las emociones e influyen en el dolor, el picor y otras circunstancias». En la Universidad de Jena, el investigador Thomas Weiss demostró que «hablar del dolor alimenta el padecimiento». Y agregó que, en el mencionado estudio, al someter a los pacientes a palabras nocivas con antelación, «estos calificaron el dolor como más intenso».

Las palabras duelen, ¿cómo influyen en nuestro cerebro y nuestra psicología?
Según los expertos, un ejemplo claro de esta influencia negativa es la que radica en la lectura de un prospecto médico. «Está comprobado que si lees el prospecto de un medicamento, se hace más probable que sufras los efectos secundarios descritos en el mismo. Y para este mal, no hay solución», señalaron los especialistas del equipo.
Trabajos paralelos a los de Weiss demostraron que en el denominado «dolor social» también participan las regiones cerebrales relacionadas con el dolor físico. Varios estudios recientes apuntan que se activa la misma matriz cerebral cuando un individuo se siente abandonado por su grupo social, o mismo cuando se produce una ruptura amorosa. Las sensaciones físicas y emocionales se entremezclan hasta el punto de que el malestar que provoca un insulto, sólo puede amortiguarse en los sujetos que toman una dosis regular de paracetamol. La prueba de que dolor social y dolor físico se retroalimentan está en las palabras que usamos cada día.

«Las palabras no solo cambian lo que percibimos, sino también lo que hacemos» señala Susana Martínez-Conde, neuróloga del Universidad Estatal de Nueva York, quien estudia desde hace años la forma en que los magos «engañan nuestros sentidos». Una de las técnicas más utilizadas se conoce en psicología como «primado», la cual consiste en exponer al sujeto a determinados estímulos terminarán por condicionar su respuesta.