El empleo registrado privado no encuentra piso y la capacidad de las apps para absorber la «población sobrante» muestra signos de saturación. Mientras el Gobierno intenta sostener una pauta salarial del 1,5%, la realidad del mercado impone sus propias reglas.
Mientras el índice de desocupación se mantiene en niveles históricamente bajos (6,6%), la calidad del empleo y el poder adquisitivo de los hogares atraviesan una fase de degradación estructural.
Según los últimos informes de C-P Consultora, el análisis del periodista Jorge Liotti y los datos recientes de Luis Campos (CTA), el mercado de trabajo ha entrado en una fase de «mutación por necesidad» donde el cuentapropismo informal es el único motor que evita el estallido social.
En tanto, en el horizonte asoma la reforma laboral.
El empleo registrado: sin señales de reactivación
A pesar de los discursos oficiales, los datos fríos de octubre y noviembre de 2025 muestran un agravamiento en el empleo registrado privado. Como advierte Luis Campos, la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) marcó un retroceso del -0,1% en noviembre, confirmando que la actividad está lejos de arrancar.

El «freno» de noviembre: Luis Campos advierte que los primeros datos de noviembre muestran un retroceso del -0,1% en el empleo registrado. Esto confirma que la actividad económica no ha logrado generar una demanda de trabajo genuina. El empleo privado registrado lleva 15 años estancado en torno a los 6,1 millones de personas, y la crisis actual parece haber cristalizado ese techo, convirtiendo al trabajo en blanco en un recurso escaso.
Sectores ganadores sin «derrame» de empleo: Existe un consenso creciente entre los analistas: los sectores que hoy traccionan la economía (como energía, minería o agroexportación) son capital-intensivos pero no mano de obra-intensivos.
«Los ganadores del modelo no demandan, por sí solos, grandes dotaciones de fuerza de trabajo», sentencia Campos. Esto genera una desconexión crítica entre el crecimiento del PBI y la creación de puestos en blanco en el SIPA.
El peor mes: Según Campos, para el sector privado registrado, octubre de 2025 fue el peor mes desde el primer trimestre de 2024. «La fase de destrucción de empleo formal que se había reiniciado en junio, luego de unos meses de estancamiento, se aceleró», dice Campos. A nivel sectorial la caída de octubre fue generalizada. Solo se salvó la pesca. La industria manufacturera y la construcción tuvieron retrocesos superiores al 0,5% en un solo mes. Contra noviembre de 2023 acumulan caídas del 4,7% y del 15,1% respectivamente.
Efecto derrame negativo: El deterioro de los ingresos y la estabilidad en el sector privado registrado impacta directamente en los extremos del mercado. Un ejemplo es el empleo en casas particulares, que sigue en caída libre: la pérdida de poder adquisitivo de la clase media asalariada (los empleadores del sector) impide sostener el registro formal doméstico, alimentando un círculo vicioso de informalidad.
El fin del ancla salarial: la pauta del 1,5% bajo fuego
La estrategia del Gobierno de utilizar el salario como ancla inflacionaria mediante la homologación de paritarias al 1,5% mensual llegó a su límite. C-P Consultora destaca que este «cepo salarial» terminó provocando un desborde nominal a finales de año.
Desborde paritario: Gremios como Comercio forzaron renegociaciones que excedieron largamente el techo oficial para compensar cinco meses de caída real.
Luego de negociar por 6 meses entre junio y diciembre por 1% no acumulativo, el último acuerdo firmado de Comercio estipula únicamente la incorporación de una suma fija extraordinaria de $60.000 (alrededor de 5,4% del salario conformado). «Ésta no llega a compensar la pérdida anterior y, al no tener aumentos porcentuales hacia adelante, promete una rápida licuación en los próximos 3 meses», dice el informe de C-P.


En los últimos 5 meses (agosto a diciembre de 2025), apenas 20% de los sectores consiguieron aumentar el salario real respecto al mes anterior.
Pérdida acumulada: El salario real negociado cerró 2025 con una pérdida del 4,1%. Aunque en noviembre los salarios registrados quedaron levemente por encima de los valores de 2023, el golpe más fuerte ya no es solo el precio (salario) sino la cantidad (empleo).

Un segundo semestre duro para el salario real.
La «Uberización» como último refugio: ¿hacia el agotamiento?
Ante la rigidez del mercado formal, la sociedad ha forjado su propia red de contención. Liotti describe un salto exponencial en el cuentapropismo informal, que pasó de 2,7 a 3,3 millones de personas en dos años.
Este fenómeno, traccionado por plataformas de delivery y transporte, está llegando a un punto crítico. Campos y Liotti coinciden en una señal de alerta: la saturación. «En algún momento se va a agotar la capacidad de absorber población sobrante a través de Uber o Rappi», advierte Campos. La sobreoferta de trabajadores en estas apps ya está provocando rendimientos decrecientes, donde los repartidores ganan cada vez menos por hora trabajada.
«En los dos años que lleva Milei en el poder, se perdieron unos 120.000 puestos privados, unos 80.000 públicos y bajaron 25.000 las empleadas en casas», enumera Liotti
«Lentamente empezaron a aparecer síntomas de saturación en el esquema de las plataformas, porque la mayor cantidad de trabajadores hace que se abarate el servicio y sea menos conveniente para repartidores y conductores», dice Liotti en LN.
«Está claro que si la base de trabajadores sigue creciendo, no va a haber pedidos para todos», reconocen las empresas. Los conductores o repartidores, describe Liotti, dicen que están ganando menos por cada viaje o entrega.
El impacto en el bolsillo y la reforma laboral
La erosión no es pareja. Los jubilados siguen siendo el eslabón más débil, con haberes mínimos que están un 8,2% por debajo de los niveles de finales de 2023 debido al congelamiento de bonos y la fórmula de indexación. Esto explica el retroceso del consumo masivo que afecta a toda la cadena productiva.
Respecto a la reforma laboral que se debate en el Congreso, el consenso entre los especialistas es de cautela. Se percibe como una herramienta que podría mejorar la competitividad en el margen, pero que por sí sola no modificará la dinámica de un mercado laboral que hoy se rige más por la supervivencia y los algoritmos que por las leyes vigentes.
La Argentina navega hoy un equilibrio precario. El desafío de 2026 será evitar que el agotamiento de la «economía del rebusque» y la saturación de las plataformas digitales se conviertan en un aumento abierto del desempleo. Sin un crecimiento económico que demande fuerza de trabajo real, el mercado laboral seguirá en este paréntesis de incertidumbre. (Fuente: eleconomista.com.ar)




