En una edición profundamente emotiva de Luces Magazine, el espacio que Romina Maluf conduce desde hace cuatro años en las plataformas de C6Digital, la danza dejó de ser solamente arte para transformarse en memoria, legado y abrazo compartido. Con la sensibilidad que la caracteriza, Romina recibió a Pamela Espósito, Laura Marín y Carolina Rivas, tres mujeres que no solo fueron parte de las primeras camadas de la academia Oyum, sino también protagonistas de una historia que atravesó generaciones, escenarios y etapas de vida.

“Te había contado que este año cumplo 30 años con la danza oriental”, dijo Romina al inicio del programa, con una emoción serena pero visible. Y desde esa confesión personal, la charla tomó un tono cálido, cercano y entrañable. No fue solo una entrevista: fue un reencuentro con el tiempo, con los afectos y con esa huella imborrable que deja la danza cuando se vuelve escuela de vida.

Con la técnica de preguntas que fue guiando cada tramo del encuentro, Romina invitó a sus entrevistadas a volver al origen. “Vamos a hacer un ejercicio de visualización”, les propuso, pidiéndoles que cerraran los ojos y recordaran ese primer salón, ese primer olor, esa primera sensación al entrar a clase. A partir de allí, comenzaron a brotar imágenes, recuerdos y emociones de una etapa que, lejos de haber quedado atrás, sigue latiendo con fuerza en cada una de ellas.

Pamela recordó la alegría de aquellos primeros pasos, Laura habló del espacio como una verdadera casa y Carolina evocó los años iniciales junto a Romina, desde la Asociación Sirio Libanesa hasta el crecimiento del ballet. Romina, atenta, amorosa y cómplice, fue entrelazando cada respuesta con nuevas preguntas que le dieron profundidad al relato:
“¿Qué herramientas de la danza aprendieron que hoy aplican en su vida diaria?”, “¿Sienten que la academia fue una escuela de vida?”, “¿Qué le dirían hoy a esa niña que empezaba a bailar?”.

Y las respuestas fueron dejando definiciones tan simples como poderosas. Las invitadas coincidieron en que la danza les dio seguridad, disciplina, femineidad, postura, confianza y sensibilidad artística, herramientas que aún hoy atraviesan su maternidad, sus trabajos y sus vínculos. “La seguridad que te da la danza en el día a día”, resumió una de ellas. Otra habló de la elegancia del cuerpo como una marca que permanece. Y Carolina, hoy fotógrafa, explicó cómo esa formación también educó su mirada: saber anticipar un movimiento, leer una postura, captar la belleza en el instante justo.

Romina no solo preguntó: también se dejó atravesar por lo que escuchaba. En varios pasajes, el programa mostró que lo construido en Oyum fue mucho más que una academia. Fue una comunidad afectiva, una red, una familia elegida. “¿Ustedes sienten que la danza fue un acompañamiento para toda la vida?”, lanzó en uno de los momentos más sinceros de la charla. Y la respuesta fue unánime: sí. Porque la danza estuvo en la infancia, en la adolescencia, en la juventud, en la adultez. Estuvo en las risas, en los viajes, en las caídas, en los escenarios y también en los reencuentros.

El bloque de las anécdotas terminó de darle al programa ese tono entrañable que lo volvió tan humano. Vestuarios que se soltaron en pleno show, viajes eternos a Buenos Aires, certámenes, giras, ensayos extenuantes, coreografías inolvidables y escenas que hoy provocan carcajadas fueron apareciendo una tras otra. Pero detrás de cada recuerdo divertido, quedó algo más profundo: la certeza de haber compartido una época irrepetible.

Uno de los tramos más conmovedores llegó cuando Romina les preguntó qué le dirían a esa niña del pasado que recién comenzaba a bailar. La respuesta fue casi coral: “Estás en el lugar correcto”. Y en esa frase pareció resumirse todo: la vocación, la intuición, la pertenencia y el valor de haber sostenido durante tantos años un espacio que marcó vidas.

Hacia el final, la conductora volvió a ponerse en el centro de una manera muy genuina, no desde el protagonismo, sino desde la gratitud. Mirando a sus invitadas, expresó su orgullo por las mujeres en las que se convirtieron y por el camino compartido. Fue allí donde la emoción se volvió palpable. Porque en ese estudio no estaban solo una conductora y tres entrevistadas: estaban una maestra y sus alumnas, una guía y sus compañeras de ruta, una historia viva contada desde el amor.

Con esta edición especial, Luces Magazine volvió a confirmar el sello que Romina Maluf viene construyendo desde hace cuatro años en C6Digital: entrevistas con alma, conversaciones que dejan algo más que una declaración y una manera de conducir que sabe escuchar, contener y hacer brillar al otro. Esta vez, además, con el valor agregado de poner en escena una historia propia, íntima y profundamente significativa.

Porque cuando la danza deja de ser solo técnica y se convierte en legado, ya no pasa el tiempo: se vuelve eternidad compartida.







