En una noche atravesada por la fe, los testimonios de restauración y un fuerte llamado a recuperar la disciplina, el pastor Miguel Benítez compartió un mensaje en la Iglesia El Faro, vinculada a la Fundación Centro Reto, en Posadas.
Antes de iniciar la predicación, Benítez destacó la tarea social y espiritual que la institución desarrolla con hombres y mujeres que atraviesan problemas de adicciones. Según explicó, la Fundación Reto cuenta actualmente con seis casas de restauración en la provincia de Misiones: cuatro destinadas a varones y dos a mujeres.
“Nosotros no cobramos absolutamente nada al interno para rehabilitarse, porque creemos que es una obra de fe y una obra de amor”, expresó el pastor al explicar la misión que sostiene el trabajo cotidiano de la institución.

Benítez recordó que una de las viviendas ubicadas junto a la iglesia, abierta originalmente en 1996, fue completamente restaurada durante los últimos meses. Las obras demandaron aproximadamente tres meses y medio e incluyeron trabajos de construcción, electricidad, pintura, fabricación de muebles y la instalación de una cocina industrial.
Gran parte de esas tareas fue realizada por los propios integrantes de la Fundación Reto y por personas que actualmente transitan su proceso de rehabilitación.
El pastor remarcó que los sillones, la cocina industrial y diferentes elementos del lugar fueron fabricados con la mano de obra de quienes integran la comunidad. Para Benítez, no se trató solamente de mejorar un edificio, sino de demostrar que las personas que buscan cambiar de vida también pueden aprender, producir, servir y reconstruirse.

La restauración de la casa fue también una forma concreta de rehabilitación: quienes allí buscan una nueva oportunidad participaron activamente en la reconstrucción del espacio que recibe y acompaña a otras personas.
Durante el encuentro, el pastor compartió parte de su propia historia. Contó que años atrás también estuvo internado en la Fundación Reto y que permaneció cerca de cinco años viviendo y sirviendo junto a otros jóvenes.
Desde esa experiencia personal, afirmó que la recuperación no depende solamente de un deseo momentáneo, sino del acompañamiento, la perseverancia, la disciplina y la decisión cotidiana de cambiar de vida.
“La cama de la pereza es la tumba del propósito”
Ese fue el título elegido por Miguel Benítez para la predicación central de la noche. El mensaje estuvo basado en Proverbios 20:13: “No ames el sueño para que no te empobrezcas; abre tus ojos y te saciarás de pan”.
“La cama de la pereza es la tumba del propósito”, afirmó Benítez, al advertir que muchos sueños, dones y proyectos terminan apagándose no por falta de oportunidades, sino por la postergación constante.

El pastor sostuvo que uno de los grandes enemigos de las personas, de las familias y también de la vida espiritual es la pereza. Sin embargo, aclaró que no se trata solamente de dormir demasiado.
La pereza también se manifiesta cuando una persona posterga sus responsabilidades, abandona los buenos hábitos, evita tomar decisiones o espera que otros hagan aquello que le corresponde.
Benítez señaló que muchas personas desean progresar, mejorar su vida familiar, crecer espiritualmente o superar una dificultad, pero no siempre están dispuestas a sostener el esfuerzo necesario.
“Los deseos sin acción producen frustración”, expresó durante su enseñanza.
“La pereza roba oportunidades, bendiciones y también la vida espiritual”, sostuvo el pastor, al remarcar que los sueños necesitan ser acompañados por trabajo, disciplina y perseverancia.

Para Benítez, nadie puede cumplir su propósito permaneciendo indefinidamente dentro de su zona de confort. Dios puede abrir puertas y ofrecer oportunidades, pero cada persona debe estar dispuesta a levantarse, actuar y asumir su responsabilidad.
La disciplina como camino
Otro de los ejes de la predicación fue la importancia de recuperar la disciplina en la vida cotidiana.
El pastor habló de la necesidad de ordenar el hogar, cuidar la economía, cumplir con el trabajo, atender a la familia, congregarse, orar y sostener buenos hábitos, incluso en aquellos días en los que no existen ganas de hacerlo.
Recordó una frase que forma parte de la vida diaria dentro de la Fundación Reto: “Disciplina es hacer lo que debes hacer cuando menos ganas tienes de hacerlo”.
Para Benítez, la disciplina marca una diferencia profunda entre quienes solamente desean algo y quienes están dispuestos a trabajar para alcanzarlo.

El diligente también tiene sueños, pero los acompaña con trabajo, perseverancia y decisiones concretas. La diferencia no está solamente en lo que desea, sino en aquello que hace cada día para alcanzarlo.
El pastor también llevó el mensaje al ámbito laboral. Señaló que una persona que cumple con responsabilidad, demuestra compromiso y ofrece un esfuerzo adicional termina diferenciándose.
Según explicó, las oportunidades suelen ser aprovechadas por aquellos que están preparados y disponibles para asumirlas.
“Lo que cuidamos no se pierde”
Benítez utilizó la imagen bíblica del campo abandonado, cubierto de malezas y con sus puertas derribadas, para explicar que muchas pérdidas no ocurren de un día para otro.
Se producen como consecuencia de pequeños descuidos acumulados: una oración que se deja de hacer, una responsabilidad postergada, una familia que deja de ser atendida, un trabajo que se abandona o un don que no se desarrolla.
“Lo que cuidamos no se pierde; se pierde aquello que descuidamos”, afirmó al referirse a la familia, el matrimonio, los hijos, la economía, el trabajo y la vida espiritual.

El pastor sostuvo que aquello que no se cuida termina deteriorándose. Por eso convocó a la comunidad a prestar atención a los vínculos, las responsabilidades y los dones que cada persona recibió.
También pidió a los padres que asuman su responsabilidad espiritual dentro del hogar, oren por sus hijos y procuren dejarles una enseñanza que vaya más allá de lo material.
Benítez recordó a su suegro, quien también había sido su pastor y falleció recientemente. Destacó su disciplina, su esfuerzo y su constancia para compartir la palabra de Dios.
“Qué bueno es cuando una persona puede ser recordada por algo espiritual, por su disciplina, su esfuerzo, su pasión y su amor”, expresó.
Según relató, el recuerdo de aquel hombre lo impulsó a levantarse una mañana en la que no tenía ganas de asistir al devocional que la comunidad realiza cada miércoles a las siete.
Ese momento fue el origen de la predicación compartida en la Iglesia El Faro.
Volver a entusiasmarse
En el tramo final de la reunión, Benítez convocó a los presentes a recuperar el entusiasmo por Dios, por el servicio y por los proyectos que alguna vez encendieron sus corazones.
Explicó que una persona ferviente no sirve por obligación, sino con alegría, pasión y constancia.
Ese mismo entusiasmo, aseguró, fue el que permitió restaurar la casa de la Fundación Reto.
Antes de comenzar los trabajos, el equipo visualizó cómo podía quedar el edificio y decidió avanzar, aun cuando la tarea parecía difícil.
Cada cama fabricada, indicó, fue pensada no solamente para quienes actualmente viven allí, sino también para las numerosas personas que en el futuro necesitarán un lugar para iniciar su recuperación.
“Mientras hacemos las camas, oramos para que Dios traiga a las personas que las necesitan”, manifestó Benítez.
La frase resume el espíritu con el que trabaja la Fundación Centro Reto: construir pensando en quienes todavía no llegaron, pero pueden necesitar ayuda para abandonar las adicciones y comenzar una vida diferente.
El pastor insistió en que el entusiasmo no consiste solamente en dar órdenes o formular deseos. Significa involucrarse, trabajar, acompañar y creer que una realidad puede cambiar.
También recordó que detrás de cada persona que lucha contra una adicción existen madres que no duermen, parejas que esperan una recuperación, hijos que necesitan nuevamente a sus padres y familias enteras que desean ser restauradas.
“Mientras tengamos vida, queremos dar la vida”, expresó, al reafirmar el compromiso de la institución con quienes buscan una nueva oportunidad.
Una oportunidad para comenzar de nuevo
La reunión concluyó con una oración para que Dios renueve las fuerzas, la voluntad y el deseo de seguir adelante.
El mensaje final fue claro: el propósito no se sostiene únicamente con sueños o buenas intenciones. Necesita fe, trabajo, disciplina y perseverancia.
Desde la Iglesia El Faro y la Fundación Centro Reto, la tarea continúa con una misión concreta: acompañar a quienes luchan contra las adicciones, reconstruir familias y demostrar que siempre existe una posibilidad de comenzar nuevamente.
En cada casa restaurada, en cada cama construida y en cada persona que decide pedir ayuda, la Fundación Reto busca transmitir el mismo mensaje: ninguna vida está definitivamente perdida cuando existe fe, acompañamiento y voluntad de cambiar.




