En el programa Espacio Wellness de C6Digital, conducido por Luciana Amado Siry, la licenciada en psicopedagogía Romina Hardaman abordó la importancia de la detección temprana de las dificultades escolares. Destacó el rol de la familia y el aula diversa, y remarcó la necesidad de erradicar los tabúes en torno a la consulta profesional.
El concepto de aprendizaje ha atravesado una profunda transformación en los últimos años, dejando atrás los modelos rígidos para dar paso a la comprensión de la neurodiversidad. En una entrevista brindada a la conductora Luciana Amado Siry en el programa Espacio Wellness (emitido por C6Digital), la psicopedagoga Romina Hardaman profundizó sobre cómo acompañar a los niños desde sus fortalezas y debilidades particulares en el ámbito escolar y familiar.

Hardaman, quien se desempeña tanto en el ámbito público/escolar como en el consultorio privado especializado en intervención temprana, enfatizó que no existe un cerebro «estándar» ni una única forma de procesar la información.
«Hablamos de perfiles distintos de aprendizaje. Desde la evaluación neurocognitiva integral no buscamos una nota o un número, sino conocer de qué manera aprende cada niño, evaluando cómo influyen sus emociones, la conducta, el vínculo escolar y el estilo de crianza familiar» — Lic. Romina Hardaman.
La importancia clave de la intervención temprana
Consultada sobre cuándo es el momento adecuado para realizar una consulta profesional, la especialista fue contundente: no hay que esperar a que los problemas se profundicen.
Hardaman explicó que la «conducta» suele ser la principal vía de comunicación de un niño cuando algo le cuesta, y que erróneamente se la encasilla como «mala conducta». Frente a esto, las alarmas tempranas pueden encenderse ya desde el Nivel Inicial (salas de 4 y 5 años):
Indicadores en Nivel Inicial: Dificultad persistente para reconocer letras, números, volcar la escritura del propio nombre o seguir la copia del pizarrón.
Seguimiento en 1° Grado: Período central para el entrenamiento formal de la lectura, escritura y cálculo. Si tras un tiempo de práctica se observan trabas severas, es momento de intervenir.
Aprovechar la neuroplasticidad: «Lo ideal es no esperar a 3° grado creyendo que ya va a madurar solo. La atención a tiempo aprovecha la plasticidad cerebral propia de las edades tempranas y tiene la capacidad real de cambiar el pronóstico de una persona», aseveró.

El aula diversa: de la integración a la inclusión real
Respecto al rol de las escuelas, Hardaman celebró el cambio de paradigma que se observa en los docentes y la empatía natural que manifiestan los propios compañeros de clase.

«Los niños tienen una empatía natural maravillosa: le enseñan al compañero, lo esperan y lo ayudan sin juzgar. Hoy entendemos que no se trata de adaptar al niño a un molde, sino de ajustar las herramientas para que todos puedan evolucionar a su propio ritmo», destacó.
Recomendaciones para las familias: presencia, intuición y pedido de ayuda
En el tramo final de la charla, la psicopedagoga brindó pautas dirigidas a los padres para acompañar de manera efectiva los procesos de crianza y desarrollo:
Confiar en la intuición: Si como padres surge la inquietud de que algo no anda bien en el aprendizaje de un hijo, es fundamental ocuparse, investigar y consultar.
Pedir ayuda sin tabúes: Los profesionales de la salud y la educación trabajan para colaborar con el bienestar de la familia en su conjunto. «Un acompañamiento psicopedagógico no es efectivo si la familia no está presente y comprometida».
Evitar comparaciones entre hermanos: Cada hijo es un individuo diferente, atraviesa etapas distintas y requiere un tipo de presencia particular.
Respetar los tiempos de la infancia: Frente a la prisa del estilo de vida adulto, la especialista llamó a disfrutar de cada etapa del crecimiento, entendiendo que la niñez es única e irrepetible.
(IG Romina Hardaman @holaaprendizaje)




