(Por Jorge Kurrle, Director General de C6Digital) El cambio del lema de ingreso a Misiones puede parecer, para muchos, apenas una decisión administrativa o visual. Sin embargo, leído en el contexto político actual, adquiere otro espesor: es una señal de poder, de identidad y de reordenamiento.
Durante años, “Provincia Start Up” representó una marca política instalada desde una conducción que, aun fuera del Poder Ejecutivo, seguía ordenando símbolos, discursos y decisiones. No era solamente un cartel: era una declaración de modelo. Por eso, volver a “Bienvenidos a la Tierra Colorada” no implica negar la tecnología, la innovación o la educación, sino recuperar una identidad más profunda, más popular y más reconocible para el misionero común.
Ahí está el punto central: la tierra colorada le pertenece a todos; la palabra start up no logró generar la misma pertenencia.
El gesto de Passalacqua aparece en medio de un proceso de distanciamiento político que ya no puede leerse como un simple ruido interno. La baja de banderas, el cambio de nombres, la recuperación de símbolos y la redefinición de espacios institucionales forman parte de una disputa más amplia: quién conduce, quién ordena y qué relato representa a Misiones hacia 2027.

En política, los símbolos nunca son inocentes. Y en Misiones, el cartel de ingreso acaba de decir mucho más que una bienvenida.
En ese sentido, el cartel funciona como una metáfora del momento. Donde antes había una marca asociada a una conducción vertical, hoy aparece una consigna de raíz provincial. Donde antes pocos se animaban a tocar determinados símbolos, ahora el gobernador toma una decisión que marca cancha. Y eso, inevitablemente, produce incomodidad en sectores acostumbrados a que la política provincial se ordene desde un solo lugar.
Pero el planteo va más allá de Passalacqua, Rovira o los candidatos que empiezan a moverse. El fondo de la cuestión es más profundo: Misiones necesita recuperar el debate político. Durante demasiados años, el oficialismo largo, vertical y disciplinado produjo dirigentes que esperaban autorización antes de hablar, opinar o confrontar ideas. Esa falta de autonomía generó un vacío de pensamiento político en las nuevas generaciones.
Por eso, el verdadero desafío del nuevo tiempo no será solamente electoral. Será cultural y político: formar dirigentes capaces de debatir, sostener posiciones propias, discutir modelos de provincia y no limitarse a repetir mandatos.
El cambio del cartel, entonces, no debe mirarse como una anécdota. Es una señal. Una bandera que baja y otra que vuelve a levantarse. Un mensaje hacia adentro del poder y hacia la sociedad: Misiones entra en una etapa donde los símbolos vuelven a hablar, y donde cada gesto anticipa la disputa por el modelo político que viene.





