Por Jorge Kurrle
En realidad, la decisión ya estaba tomada antes del 1 de mayo. Desde entonces comenzaron a verse gestos, señales y movimientos que anticipaban el quiebre. Incluso en aquella sesión donde el ambiente ya se cortaba con tijera: invitaciones que no llegaron, ausencias llamativas y carteles que repetían una frase cargada de sentido político: “Hugo tiene un plan”.

La información de que el Gobernador había sido prácticamente proscripto de una eventual reelección ya estaba en el aire. Y lo que se considera más grave es que, aun siendo una posibilidad habilitada por la Constitución, nunca fue convocado formalmente a discutir ese escenario.
Hugo Passalacqua venía de atravesar una situación de salud muy compleja. Se recuperó y, según aseguran en su entorno, ordenó sus prioridades. En ese proceso, algunas segundas líneas institucionales ya empezaban a frotarse las manos. Incluso entendían que podía abrirse un camino nuevo hacia un posible reemplazo. Ese tema está guardado en un lugar muy secreto de la Rosada: no se habla, pero tampoco se olvida.

Ni hablar de lo que ocurría en las “previas”, que de la noche a la mañana volvieron a ser masivas. Allí, en más de una oportunidad, Hugo Passalacqua fue mencionado casi en tono jocoso por algunos de los presentes.
Solo por citar algunos episodios: en una de esas reuniones, al hablar del conflicto yerbatero, se les dijo a los intendentes que debían tomar el mando ante la supuesta inacción del sector del agro. Claro que el Ministerio en cuestión todavía está conducido por uno de los hombres del Gobernador.
En otra ocasión, se habría sugerido al intendente de Caraguatay que el mismísimo Hugo debía pedirle disculpas por haber solicitado que se apartara del cargo “hasta que se aclare la denuncia por acoso”. Todos aplaudieron.
También quedaron en la memoria política las discusiones por la toma de crédito, algunas leyes electorales y el modo en que empezaban a nombrarse candidatos para Posadas sin siquiera reservar un espacio para algún pensamiento distinto.

Todo fue observado. Y todo fue escalando.
Estaba claro que no solo un gran sector del Gobernador se sentía excluido, sino también una veintena de partidos que conformaban el Frente Renovador y que nunca recibieron una invitación real a participar. Y ni mencionar aquella frase de “la foto no se pide”, o las lágrimas de Mabel Pesoa, intendente de Santa Ana, pidiendo perdón por haber asistido a una reunión con 65 intendentes.
Así las cosas, la tormenta perfecta ocurrió hace unas semanas.

Los cuatro nominados para caminar la provincia fueron convocados por el conductor y fundador de Encuentro Misionero: Oscar Herrera Ahuad, Lalo Stelatto, Seba Macías y Lucas Spinelli. La orden era resolver el tema cuanto antes porque Carlos Rovira tenía un viaje programado. Y debe haber sido cierto, porque también se ausentó de las sesiones.
Quien habría planteado —aunque pocos se animan a decirlo— que Encuentro Misionero “no prende en la gente” fue el exgobernador Oscar Herrera Ahuad. Al parecer, el enojo del ingeniero con Hugo fue tajante. La pregunta habría sido directa: “¿Qué quiere Hugo?”.
La respuesta también habría sido clara: Hugo quiere ser candidato de nuevo.

Según esa versión, Rovira habría dicho: “Yo lo llamo y no me atiende”. Y la respuesta que habría recibido fue contundente: “¿Qué te va a atender si siempre llamás y…?”. Me reservo la palabra porque este relato surge de una fuente, pero no fue una expresión suave.
En ese marco, Carlos Rovira le habría ofrecido a Herrera Ahuad trabajar para ser candidato de Encuentro Misionero. Herrera, según trascendió, explicó que iba a cumplir su mandato y que no enfrentaría al Gobernador por el respeto que existe entre ambos.
Entonces, los ojos se posaron sobre “Lalo”.
La orden habría sido clara: “Andá, juntate con él y decile que vas a ser su vice”. A partir de allí, sus operadores arrancaron una operación que terminó por desnudar todo más rápido de lo que el propio gobernador Hugo Passalacqua hubiera querido.

El capítulo de la supuesta reunión entre “Lalo” y “Hugo” también fue clave.
En los pasillos ya estaba redactada la letra chica de una reunión que algunos presentaban como un gesto de paz, orientada a avanzar en la idea de consolidar Encuentro Misionero. Quizás ni el propio Lalo sabía de ese comunicado previo. Y todos saben que Stelatto es una persona respetuosa, de buena relación con el Gobernador. Si Lalo hubiese leído antes lo que se tramaba alrededor de esa “emboscada”, quizás tampoco habría querido quedar involucrado en esa escena.
Pero la reunión finalmente no ocurrió.
Fue suspendida por el propio Gobernador. Y lo llamativo es que algunos medios llegaron a anticipar como hecho político consumado algo que nunca sucedió.

El final terminó siendo revelador.
Fuentes del Gobierno aclararon después que el único tema administrativo vinculado entre Provincia y Municipio tenía que ver con la continuidad de uso de 25 camiones que tiene el municipio. Si Lalo no firmaba, esos camiones debían volver al Gobierno provincial. Era una cuestión administrativa. Nunca iba a ser “la reunión” política que algunos pretendían instalar.
Allí todo brotó.
Y algún iluminado planificó una segunda “emboscada”: publicar en redes las autoridades de Encuentro Misionero para intentar atrapar políticamente al Gobernador.
El resto ya todos lo sabemos.

Hoy Hugo Passalacqua piensa en un nuevo paraguas electoral, con nuevas alianzas, con nueva impronta y lejos de la propuesta política de Carlos Rovira. El quiebre no nació de un día para el otro. Fue una acumulación de gestos, desplantes, exclusiones, operaciones y lecturas equivocadas.
La trama del quiebre ya estaba escrita. Solo faltaba que alguien encendiera la luz.




