Cristina Weber tiene 26 años, nació en el paraje Doradito de Colonia Aurora y creció en una familia humilde de ocho hermanos donde el mandato era trabajar la tierra. Tras graduarse con medalla de oro en la UNaM, hoy investiga enfermedades neurodegenerativas en Mendoza y lidera una campaña para conseguir becas estudiantiles en el interior de la provincia.
La historia de la investigadora Cristina Weber que publicó el diario mendocino Los Andes llegó hasta el estudio de Mario Pergolini y emocionó al conductor y los presentes. Fue una de las invitadas al programa Otro día perdido, emitido el martes por Canal 13.
En los últimos días, las redes sociales y los medios nacionales se hicieron eco de una historia con sello misionero que conmovió incluso al conductor Mario Pergolini en su propio programa. Se trata de Cristina Weber, una joven oriunda de Colonia Aurora que desafió las barreras del aislamiento geográfico, la falta de conectividad y los mandatos culturales para convertirse en una destacada científica de nuestro país.
Hoy, instalada en Mendoza como becaria doctoral del CONICET, dialogó con Radio Identidad en el programa «El dato que faltaba» para repasar su camino, el valor de la educación y el fuerte compromiso que asumió para devolverle a su tierra las oportunidades que recibió.

Caminar 16 kilómetros diarios y estudiar sin internet
«La Cristina Weber de chiquitita es muy distinta a la de ahora», reconoció la bioquímica al recordar su infancia en el paraje Doradito. Criada en una familia muy humilde de ocho hermanos, donde su padre y uno de sus hermanos mayores no saben leer ni escribir, el destino trazado para ella no incluía las aulas.
«En mi casa la costumbre era terminar la primaria e ir directamente a trabajar a la chacra. Mis padres nunca nos hablaron de ir a la secundaria, no era un debate en la mesa. Yo caminaba ocho kilómetros de ida y ocho de vuelta para ir a la escuela primaria», relató.
Fue su abuela materna quien convenció a su padre de romper el molde y anotarla en el Instituto de Ciencias Agropecuarias Nº 9. «A mí me encanta la chacra, pero sé lo difícil que es trabajar de sol a sol con 38 grados cosechando tabaco o maíz. Yo me quejaba, no era para eso y busqué otra salida», explicó la investigadora, quien debió sortear complejos desarraigos y contradicciones familiares.
Incluso durante la reciente pandemia, las brechas se hicieron evidentes:
«En mi casa no teníamos Wi-Fi; recién hace un año pudimos instalarlo. Una maestra del pueblo me prestaba su casa para que yo pudiera asistir a las clases virtuales y rendir los parciales de la universidad».

Una carrera de oro y el «ángel de la guarda» de la Asociación Conciencia
A pesar de las adversidades, el rendimiento académico de Cristina fue brillante. Cursó la carrera de Bioquímica en la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), donde se egresó en 2023 obteniendo el mejor promedio, la medalla de oro y la distinción de graduada destacada. Al finalizar, consiguió trabajo de forma inmediata en la provincia y, tras ganar la beca del CONICET, se trasladó a Mendoza.
Sin embargo, aclaró que nada de esto hubiera sido posible sin un sostén fundamental: la Asociación Civil Conciencia.
«Ellos aparecieron como un ángel de la guarda. Me dieron una beca económica y el acompañamiento de una tutora que me orientó. Fui becada por ellos durante 12 años», precisó sobre la organización apolítica y sin fines de lucro.
Hoy, con sus redes sociales colapsadas tras su paso por el programa de Pergolini —con miles de solicitudes de mensajes de apoyo que intenta responder entre sus jornadas de laboratorio—, Cristina trabaja ad honorem en la asociación para replicar su experiencia.
«El año pasado logramos conseguir 230 becas para El Soberbio, que es un montón. Ahora mi objetivo personal es conseguir financiamiento y tutores para los chicos de mi pueblo, Colonia Aurora. Hay muchísima gente con capacidad que lo único que necesita son recursos», enfatizó.
El sueño de traer la neurociencia a Misiones
Actualmente, el trabajo científico de Weber está enfocado en la búsqueda de biomarcadores en plasma y suero sanguíneo para el diagnóstico temprano de enfermedades neurodegenerativas, con la proyección de armar un biobanco de muestras.
No obstante, su mirada del futuro está puesta en la tierra colorada y en el potencial de la universidad que la formó:
«Me encantaría impulsar la neurociencia en Misiones, porque allá hay investigación pero no en esa área específica. En la UNaM somos profesionales muy capacitados; tenemos que pensar de alguna manera en llevar la ciencia a la UNaM y no que nosotros tengamos que salir de la provincia a buscar la ciencia», concluyó con firmeza.
(Imágenes: Diario Los Andes)




