En Leandro N. Alem, una causa de violencia familiar abrió un antecedente que ya empieza a ser leído como histórico en Misiones: la Justicia amplió una medida de protección y ordenó que el denunciado no solo cese todo acto de perturbación, hostigamiento o intimidación hacia las personas involucradas, sino que también se abstenga de ejercer cualquier acto de maltrato, daño, hostigamiento o perturbación contra los animales domésticos del grupo familiar.

La presentación fue realizada por la abogada Micaela Pereira, quien solicitó que la prohibición de acercamiento y las medidas de resguardo incluyeran también a las mascotas de su clienta. El planteo se apoyó en una mirada que viene creciendo en distintas provincias: la idea de la familia multiespecie, que reconoce a los animales de compañía como integrantes del entorno afectivo y familiar.

Abogada Micaela Pereira en oportunidad de visitar C6Digital , con el periodista Jorge Kurrle
La resolución judicial incorporó expresamente a los animales domésticos mencionados en la causa —Otto, Apolo, Gala y Foxi— y dispuso que el denunciado deberá abstenerse de retirarlos, trasladarlos o disponer de ellos mientras continúen vigentes las medidas ordenadas.

El punto central del planteo es que, en contextos de violencia, las mascotas también pueden ser utilizadas como herramienta de presión, amenaza o castigo emocional. Es decir, la violencia vicaria no siempre golpea de manera directa sobre la persona: también puede hacerlo a través de aquello que la víctima ama, cuida o considera parte de su familia.

Además, el Juzgado dio intervención a organismos administrativos y ordenó la notificación urgente a través de la Dirección de Asuntos de Familia y Género de la Policía, para que se tome conocimiento de la medida y se garantice su cumplimiento.

El caso marca un precedente relevante porque pone en discusión una dimensión muchas veces invisibilizada dentro de los expedientes de violencia: el lugar de los animales de compañía en la protección judicial de una familia. En Misiones, esta resolución abre una puerta nueva: entender que cuidar a una víctima también puede implicar proteger a sus mascotas.




