El Festival educativo SPARK Misiones 2026, realizado en el Parque del Conocimiento de Posadas, tuvo como uno de sus momentos más destacados la disertación de Antonio Vázquez Brust, especialista en urbanismo y artecnología, consultor de la Fundación Bunge y Born.

Con un estilo cercano y provocador, Vázquez Brust desplegó una reflexión extensa sobre el impacto de la inteligencia artificial en el trabajo, la educación y la creatividad humana, invitando a los docentes presentes a pensar en el futuro desde una perspectiva histórica y crítica.
La paradoja de la creatividad automatizada
El especialista comenzó señalando la paradoja actual: mientras los sistemas digitales producen poemas, canciones e ilustraciones, los humanos seguimos realizando tareas básicas como cocinar, limpiar o sacar la basura.
“Estos sistemas hacen sonetos y canciones sobre el 25 de mayo, redactan poesía y hacen dibujos. Nosotros seguimos poniendo el pollo en el horno”, ironizó, generando risas y complicidad en el auditorio.
Reconoció que la irrupción de herramientas como ChatGPT ya cambió la dinámica en las aulas. Ejercicios que antes los estudiantes resolvían en casa ahora los hacen en el momento con la computadora.
“Yo sé que detrás de cada gráfico o párrafo que me entregan está el ChatGPT. Pero también sé que yo mismo lo usé para preparar mis clases”, confesó, subrayando que la convivencia con estas tecnologías es inevitable.
Historia de la automatización: del caballo al algoritmo
Para ilustrar la tensión histórica entre humanos y máquinas, Vázquez Brust recordó la desaparición de los cocheros con la llegada del automóvil, la leyenda de John Henry Irons —el remachador que venció a la máquina pero murió en el intento— y la derrota de Garry Kasparov frente a la computadora Deep Blue en 1997.
“Siempre estamos perdiendo contra las máquinas, todo el tiempo. Y hasta ahora hemos sobrevivido para inventar otra máquina que haga algo peor todavía”, reflexionó.
Explicó que, a diferencia de otros ciclos históricos, hoy la automatización amenaza no solo la fuerza bruta sino también la creatividad. Sistemas capaces de generar música, ilustraciones, textos científicos o videojuegos ponen en jaque áreas que antes parecían exclusivamente humanas.
El concepto de los “centauros”
Como salida, propuso la idea de los “centauros”, equipos híbridos de humanos y máquinas que combinan lo mejor de ambos mundos. Inspirado en el ajedrez competitivo, donde jugadores humanos trabajan junto a sistemas digitales para tomar decisiones, explicó:
“Los equipos mitad humano, mitad máquina tienden a ganar. Hay algo que todavía podemos agregar y quizás por muchísimo tiempo más”.
Para Vázquez Brust, la clave está en abrazar la tecnología sin dejar que nos reemplace, utilizándola como complemento.
“Tenemos que abrazar al monstruo, dejar que sea parte nuestra pero no que nos reemplace. Convertirnos en centauros, seres híbridos que combinan creatividad humana con potencia digital”, afirmó.
Educación continua y nuevas ocupaciones
En su cierre, el especialista planteó que la educación deberá transformarse radicalmente. “La idea de que uno se forma cuando es joven y trabaja toda la vida con esa formación ya no va más. Vamos a tener que estar volviendo a la escuela todo el tiempo”, aseguró.
Explicó que la educación a lo largo de toda la vida (lifelong learning) será indispensable para adaptarse a un mercado laboral en constante cambio, donde aparecen ocupaciones nuevas y de nicho, como el community manager, el ingeniero de prompts o el creador de imágenes por IA para bodas.
Además, destacó que las habilidades blandas —empatía, coordinación de equipos, planificación estratégica— serán las más valiosas y resistentes a la automatización.
“Saber manejar equipos, entender a las personas, planificar y justificar decisiones son habilidades a prueba de futuro”, sostuvo.
Un mensaje inquietante pero esperanzador
La disertación de Vázquez Brust cerró con un mensaje que combinó inquietud y esperanza:
“Ojalá logremos incorporar estas tecnologías tan disruptivas a nuestra labor, pero no para reemplazarnos, sino para liberarnos de las tareas que no queremos hacer y dedicarnos a lo más creativo. Por los próximos 10, 15, 20 años, o al menos hasta que nos jubilemos, mantener a raya a los robots”.
El auditorio lo despidió con un aplauso prolongado. Su intervención dejó en claro que el futuro de la educación y el trabajo será un desafío constante, pero también una oportunidad para reinventar la relación entre humanidad y tecnología. (Imagen Ilustrativa Infobae)




