La crisis económica comenzó a reflejarse con fuerza en el sistema financiero argentino. Según datos difundidos por el Banco Central, la morosidad en créditos personales superó el 14% en marzo, mientras que entre los jóvenes de hasta 24 años el incumplimiento en los pagos ya afecta a casi el 40% de quienes tomaron deuda.
El informe encendió señales de alarma en bancos y entidades financieras debido al fuerte crecimiento de personas que dejaron de pagar préstamos y tarjetas de crédito. El fenómeno se da en un contexto marcado por la pérdida del poder adquisitivo, la suba de tarifas, el aumento del costo de vida y las dificultades laborales que atraviesan distintos sectores del país.
Entre los datos más preocupantes aparece la situación de los jóvenes. El estudio revela que cuatro de cada diez menores de 24 años presentan atrasos o directamente dejaron de cumplir con sus obligaciones crediticias. Especialistas advierten que muchos recurrieron al financiamiento para cubrir gastos cotidianos, desde alimentos hasta alquileres y servicios.
La mora en tarjetas de crédito también mostró un crecimiento significativo y alcanzó el 11,7%, uno de los niveles más altos de los últimos años. El deterioro financiero ya impacta sobre millones de argentinos que quedaron atrapados entre salarios que pierden frente a la inflación y cuotas cada vez más difíciles de afrontar.
El relevamiento señala además que unas 6,3 millones de personas presentan algún tipo de deuda impaga en el sistema financiero. Las regiones más afectadas coinciden con provincias donde se registraron caídas del empleo y una reducción de la actividad económica.
Desde el sector financiero observan con preocupación la tendencia, ya que el incumplimiento sostenido puede derivar en mayores restricciones para acceder a créditos y en un endurecimiento de las condiciones de financiamiento para consumidores y pequeñas empresas.
Economistas sostienen que el crecimiento de la morosidad refleja un cambio en el comportamiento de las familias argentinas, que comenzaron a utilizar préstamos personales y tarjetas no para consumo extraordinario, sino para cubrir necesidades básicas y sostener gastos mensuales.
Mientras tanto, el aumento de deudas impagas se consolida como otro indicador del deterioro económico y social que atraviesa el país, con especial impacto en los sectores jóvenes y trabajadores.




