En una exposición atravesada por cruces, datos técnicos y una mirada crítica sobre el modelo yerbatero de las últimas dos décadas, el diputado nacional Diego Hartfield, de La Libertad Avanza, fijó posición frente a productores, secaderos e industriales. El momento que marcó el tono de su intervención llegó al inicio, cuando intentó aclarar que no provenía directamente del sector productivo y dijo: “No he caminado en la rosada”, en referencia al momento previo a preparar la tierra para la siembra. De inmediato, desde el auditorio le corrigieron: “Rosado”. Hartfield tomó la observación, la repitió y buscó recomponer la frase: “Rosado, ok”.
A partir de ese intercambio, el legislador reconoció que no es productor yerbatero, aunque remarcó que vive frente a un yerbal y que tiene vínculos cercanos con productores, secaderos y molinos. “Entiendo la situación por la cual están pasando los productores, y no solo los productores, los secaderos y algunos molinos también”, sostuvo, aunque rápidamente marcó una diferencia central: para él, el origen de la crisis no está en la desregulación del precio, sino en las consecuencias acumuladas de años de regulación.
Hartfield planteó que la actividad arrastra “un fracaso letal” después de dos décadas de precio regulado. Incluso utilizó como símbolo que, en el Mundial, el mate tenga un sponsor brasileño. Para el diputado, ese dato expone que la Argentina no logró hacer crecer a la yerba mate como producto global y que el sector debe preguntarse qué ocurrió durante estos años de supuestas bonanzas.
Luego apoyó su argumento en un informe de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia del año 2017, que —según leyó— advertía que el precio regulado podía generar distorsiones en el mercado, señales equivocadas para la producción primaria, excedentes de oferta e informalidad. Sobre esa base, afirmó que muchas personas se volcaron a plantar yerba porque el negocio parecía prácticamente asegurado: “Tenistas, odontólogos, abogados, todo el mundo se puso a plantar yerba”, ironizó.
El diputado también discutió la idea de que el problema central sea un oligopsonio. Señaló que en el análisis muchas veces se omite el rol de los consumidores y advirtió que no se puede pensar únicamente en productores, secaderos y molinos sin considerar que millones de argentinos hoy miran precios en la góndola. En ese sentido, sostuvo que pedir una yerba a 8.000 o 10.000 pesos el kilo no es una ecuación sencilla en un contexto de caída del poder adquisitivo.
Otro de los puntos fuertes de su exposición fue la sobreoferta. Hartfield cuestionó que en algunos gráficos se comparara la producción de 2021 con la de 2025 sin mostrar el año 2024, cuando —según afirmó— hubo “100 millones de kilos extra”. A su criterio, ese excedente, sumado al consumo interno deprimido y al desstockeo de supermercados tras la baja de la inflación, explica buena parte del problema actual de salida de molino.
En el cierre, el legislador fue tajante: “Nosotros no creemos en la regulación del precio como una solución”. En cambio, defendió la necesidad de generar incentivos para ampliar la demanda, fortalecer el consumo interno y abrir mercados internacionales. Comparó el consumo argentino con el uruguayo y sostuvo que todavía existe margen para crecer, pero especialmente insistió en que la gran oportunidad está afuera: “Hay 8 mil millones de personas ahí afuera” a quienes se les puede ofrecer mate o productos derivados de la yerba.
La exposición dejó planteada una diferencia de fondo: mientras productores y sectores políticos reclaman herramientas de regulación para recomponer precios, Hartfield defendió una salida basada en mercado, demanda, exportación e incentivos. Pero la postal más recordada fue ese arranque casi involuntario, cuando dijo que no caminó “la rosada” y desde el propio sector le corrigieron “rosado”, una escena breve que condensó la tensión entre el conocimiento técnico-territorial de los productores y la mirada económica que el diputado llevó a la comisión.




