En una nueva entrega de Espacio Wellness, por las plataformas de C6Digital, Luciana Amado Siry recibió al odontólogo y especialista en cirugía maxilofacial Christopher Duré, para abordar un tema que atraviesa a muchas personas y que, muchas veces, se naturaliza: el dolor mandibular, el bruxismo, los ruidos al abrir la boca, la tensión facial y los trastornos de la articulación temporomandibular.
Desde el inicio de la charla, Luciana planteó una situación cotidiana: ese ruido en la mandíbula, esa sensación de dureza o molestia al abrir y cerrar la boca. Allí, el especialista explicó que su área se ocupa del tratamiento de patologías de origen traumático, infeccioso o tumoral, vinculadas al macizo facial, las piezas dentarias y las estructuras anexas. También incluyó dentro de ese universo a la articulación temporomandibular, conocida como ATM.
La mandíbula es el único hueso móvil del cráneo y se articula mediante la ATM”, señaló Duré, marcando la importancia de una estructura que muchas veces pasa desapercibida hasta que aparece el dolor.
Uno de los puntos centrales fue el bruxismo, una problemática cada vez más frecuente. El profesional aclaró que no se trata estrictamente de una enfermedad, sino de un hábito parafuncional, es decir, un movimiento que el paciente realiza para liberar tensión. “El bruxismo no es en sí una patología, es un hábito parafuncional”, explicó. Y agregó que puede aparecer durante la noche, pero también durante el día, muchas veces no como rechinar de dientes, sino simplemente como apretar con fuerza la mandíbula.

Luciana vinculó el tema con el estrés cotidiano, la autoexigencia y la tensión que muchas personas cargan en silencio. En ese sentido, Duré remarcó que el contexto social, laboral y económico tiene un impacto directo sobre el cuerpo. «Hoy hay mucha exigencia social y autoexigencia, y eso genera tensión, estrés laboral y estrés en la sociedad”, sostuvo. Esa tensión, explicó, puede terminar desencadenando dolor muscular, molestias articulares y alteraciones en la mordida.
Durante la entrevista, el especialista explicó que muchos pacientes llegan con dolores en la zona de los maseteros, los músculos temporales o los músculos que participan en la masticación. Son molestias que pueden confundirse con otras causas, pero que muchas veces tienen su origen en una disfunción temporomandibular. “A veces el paciente siente la mandíbula dura, ruidos al abrir y cerrar la boca, y mucho de eso tiene un componente emocional”, indicó.
Uno de los tratamientos más utilizados es la férula o placa. Pero Duré aclaró que no se trata de una solución estándar para todos, sino de un dispositivo personalizado, diseñado según el tipo de disfunción que presente cada paciente.
Cada paciente es diferente; el beneficio está con el uso”, remarcó. La férula, explicó, busca desprogramar hábitos musculares y evitar que la mandíbula siga ejerciendo presión de manera dañina.
Luciana preguntó si las placas cambiaron con el paso de los años, y el profesional explicó que hoy se busca que sean lisas, para permitir que la mandíbula resbale y no quede trabada en los relieves dentarios. Según detalló, cuando los dientes engranan con fuerza, se generan movimientos de palanca que terminan trasladando presión hacia la articulación.

El bruxismo, al ser un hábito, puede desencadenar un desorden articular”, advirtió
La conversación también permitió diferenciar entre molestias musculares y problemas intraarticulares más complejos. Duré explicó que dentro de la articulación existen estructuras óseas, ligamentos, músculos y un disco articular. Cuando alguna de esas partes entra en desarmonía, el cuerpo empieza a adaptarse. “Generalmente la mandíbula va hacia el lado de la articulación que está dañada”, explicó, al describir un ejercicio simple frente al espejo: abrir la boca lentamente y observar si la mandíbula se desvía hacia un lado.
Sin dramatizar, pero con claridad, el especialista remarcó que muchos de estos procesos pueden mejorar si se detectan a tiempo. “No quiere decir que sea reversible, pero sí puede ser mejorable la situación”, señaló. La clave, dijo, está en aprovechar los mecanismos adaptativos del cuerpo para devolverle al paciente una función compatible con una buena calidad de vida.
Otro de los temas abordados fue el uso de Botox en casos de hiperactividad muscular. Duré aclaró que puede ser una herramienta válida, aunque siempre debe partir de un diagnóstico correcto. “Hay que diferenciar si es Botox por bruxismo o por disfunción de ATM”, explicó. En su caso, señaló que trabaja con tratamientos conservadores como las férulas, y que luego, según la evolución del paciente, puede derivar hacia otras alternativas terapéuticas o quirúrgicas.
La entrevista avanzó también hacia un aspecto muchas veces subestimado: la pérdida de dientes y su impacto en la estructura facial. El especialista explicó que gran parte del volumen mandibular está relacionado con las piezas dentarias y los huesos que las alojan. Al perder dientes, también se pierde soporte óseo, lo que modifica el cierre de la mandíbula y puede afectar la articulación.
La pérdida de dientes hace que empecemos a pisar mal con los maxilares”, graficó.
En la segunda parte de la charla, Duré introdujo el tema de la cirugía ortognática, un procedimiento destinado a corregir anomalías faciales y esqueletales, como el prognatismo mandibular —cuando la mandíbula está por delante del maxilar superior— o el retrognatismo, cuando está por detrás.
La cirugía ortognática se basa en la corrección de las anomalías faciales”, explicó.
Luciana recordó que años atrás este tipo de intervenciones eran percibidas como muy duras, con postoperatorios complejos. El especialista reconoció que históricamente fue así, pero destacó que la técnica evolucionó de manera importante. “Hoy la tendencia es a lo mínimamente invasivo”, afirmó. En ese sentido, explicó que actualmente se trabaja con incisiones pequeñas, de no más de dos centímetros, y mediante abordajes menos agresivos.
Duré remarcó además que estas cirugías no tienen una edad única de indicación. Pueden realizarse desde la adolescencia, pero también en adultos que recién con el paso de los años comienzan a notar el impacto de una alteración facial o mandibular.
No hay edad: desde los 16 años hasta que uno tenga ganas de operarse, se puede operar”, señaló.
Otro tramo relevante de la entrevista estuvo dedicado a la respiración bucal en niños. El especialista sostuvo que el desarrollo facial durante los primeros años está fuertemente relacionado con la respiración. Por eso, recomendó consultar con otorrinolaringología cuando un chico respira por la boca. “Al chico que respira por boca hay que llevarlo al otorrino”, advirtió. Según explicó, una mala respiración puede afectar el desarrollo del maxilar superior y generar consecuencias funcionales, cognitivas, estéticas y de crecimiento.
Hacia el final, Duré destacó que en Misiones ya existen alternativas de tratamiento avanzadas, con equipos interdisciplinarios y abordajes orientados no solo a resolver un problema estético, sino también funcional. “La intención es visibilizar estas patologías y mejorar la calidad de vida”, expresó. Y completó con una idea central:
Si durante la rutina diaria tenemos dolor, nos cuesta respirar o masticar, eso no es calidad de vida y hay que mejorarlo”.
Luciana cerró la entrevista remarcando la importancia de no dejar pasar los síntomas. Muchas veces, un ruido mandibular, una molestia al masticar o un dolor facial se postergan durante años, hasta que la consulta llega tarde. La charla dejó una conclusión clara: detrás del bruxismo o de una simple incomodidad puede haber un desorden que merece atención profesional, diagnóstico preciso y tratamiento adecuado.
Redacción C6Digital www.noticiasdel6.com




