En una charla profunda, cálida y necesaria, Laura Acosta, licenciada en Psicopedagogía MP 233, visitó el programa para hablar de una realidad que atraviesa a miles de familias: la situación de las personas con discapacidad, el reclamo por la reglamentación de la Ley de Emergencia y el impacto humano que se esconde detrás de cada recorte, cada trámite demorado y cada derecho que vuelve a ponerse en discusión.
Desde el inicio, Jorge Kurrle planteó el tono de una conversación que buscó salir de la grieta y entrar en la vida real: “¿Por qué creés que se banalizó la discusión? ¿Por qué se cosifica, se calcula, se lo toma como un gasto?”, preguntó.
Laura respondió desde sus dos lugares más profundos: como profesional que trabaja hace 20 años en discapacidad y como mamá de un hijo de 13 años con discapacidad producto de una mala praxis médica. Con serenidad, pero también con firmeza, fue clara:

La realidad es que hay que levantar la voz.”
Y agregó una definición que marcó el espíritu de toda la entrevista: “Me gustaría que se hable más de discapacidad, que se hable siempre, no solo cuando hay una emergencia.”
La especialista explicó que muchas veces la discusión pública se contamina de ideología y pierde de vista lo central: las personas, sus familias y sus derechos. Por eso también hizo una aclaración importante sobre el lenguaje: ya no se habla de “discapacitados”, sino de personas con discapacidad, porque las palabras también forman parte del respeto, del reconocimiento y de los derechos conquistados.

Cuando Jorge llevó la charla al plano más humano y familiar, Laura abrió su historia personal: “La discapacidad llegó fuertemente a mi vida con mi hijo.” Desde ahí, explicó que la mirada sobre la discapacidad no puede reducirse a una condición individual, sino que debe comprender el entorno completo.
Cuando hay una persona con discapacidad, no se la mira solamente a ella: también hay que mirar el entorno y los apoyos que necesita”, sostuvo.

En ese punto fue contundente: “El Estado está obligado por ley a brindar esos apoyos.”
Jorge insistió en la realidad concreta de las familias: “En las dos puntas hay un colapso: del lado del prestador y del lado de quienes necesitan esos servicios para poder vivir mínimamente. ¿No es condenarlos también a ellos y a sus familias?”

Laura no dudó. Explicó que la discapacidad debe pensarse desde un modelo social, donde no solo se mira la condición de la persona, sino también las barreras, los apoyos, los tratamientos, el transporte, el acompañamiento terapéutico y las condiciones reales para una vida digna.
Allí dejó otra frase clave: “Cuidar al que cuida está muy bien, pero primero hay que decir que las personas con discapacidad tienen derecho a recibir cuidados externos.” Y remarcó:

Las familias no deberían estar sobrecargadas. Para eso existe la ley.”
La entrevista también puso sobre la mesa una realidad dura: centros terapéuticos con deudas, instituciones al borde del cierre, obras sociales que recortan sesiones, tratamientos aprobados a medias y transportes que no se cubren. Jorge preguntó: “¿Qué es lo que hoy no se cumple, Laura?”

La respuesta fue tan simple como dolorosa: no se cumple plenamente la emergencia, no se pagan deudas, no se actualizan aranceles como corresponde y se dejan sin respuestas a instituciones que sostienen la vida cotidiana de niños, jóvenes y adultos con discapacidad.
“Hoy ya ni siquiera estamos en emergencia: estamos en colapso”, definió Laura.
También relató casos concretos donde se aprueba un centro de día, pero no el transporte. Entonces la pregunta aparece sola: ¿cómo llega esa persona al tratamiento? Laura lo resumió con crudeza: “Te aprueban el centro de día, pero no el transporte. ¿Y cómo llega esa persona?”

Lo mismo ocurre con las sesiones indicadas por profesionales. “Se piden tres sesiones semanales y te aprueban una. Son recortes que no tienen explicación”, expresó.
La psicopedagoga también advirtió que el objetivo no puede ser volver a una idea antigua de la discapacidad, donde las personas quedaban encerradas en sus casas, invisibilizadas o reducidas a una pensión.

No se trata de que una persona con discapacidad quede encerrada en una casa cobrando una pensión. Se trata de desarrollo, autonomía e inclusión.”
Jorge llevó entonces el tema al debate social sobre las pensiones y los cuestionamientos que muchas veces aparecen desde el desconocimiento. Laura explicó que no todas las personas con Certificado Único de Discapacidad tienen una pensión, y que muchas veces ese ingreso es imprescindible para quienes no pueden acceder al mundo laboral.
“Vivir con 300 mil pesos hoy es una locura, y más con todos los gastos que implica la discapacidad”, remarcó.

La charla alcanzó uno de sus momentos más sensibles cuando Jorge le preguntó desde lo personal: «Vos sos profesional y sos mamá de una persona con discapacidad. ¿Cómo vivís este proceso en tu corazón?” Laura respondió con una frase que resume el presente de muchas familias:
Yo lo vivo como sostener: sostener con esperanza de que esto se va a resolver.”
Pero también reconoció el peso emocional de esa lucha diaria: “Es angustiante recibir todos los días una noticia desfavorable para una familia.” Y cuando la situación la atraviesa como madre, la sensación cambia de lugar: “Cuando me toca desde mi lugar de mamá, a veces es desesperante.”

Jorge destacó entonces la sensibilidad de Laura de no hablar únicamente desde su historia personal, sino desde el colectivo: “Laura habla del colectivo. Esa sensibilidad de no personalizar, sabiendo que hay otra gente que quizás está mucho más complicada, muestra el corazón de Laura”, expresó.
La entrevistada insistió en que el reclamo no debe quedar atrapado en una discusión partidaria. “La discapacidad no puede pensarse como una cuestión partidaria.”
“Necesitamos que la sociedad acompañe y que la clase política entienda que esto no se trata de una grieta.”
El cierre dejó una reflexión compartida sobre la empatía. No esperar a que una situación golpee la puerta de casa para recién ahí comprender. No opinar desde lejos. Informarse, escuchar, acompañar y entender que las personas con discapacidad no son un gasto: son ciudadanos con derechos.

Laura lo dijo con claridad: “Empatizar e informarse. No esperar a que nos toque personalmente para acompañar.”
Y dejó una frase final que puede leerse como síntesis de toda la entrevista: “No se trata de una cuestión partidaria. Hay temas que van más allá de una ideología actual. Lo que necesitamos es que la sociedad acompañe.”
Fue una conversación cálida, pero también urgente. De esas que no buscan hacer ruido por hacer ruido, sino abrir una puerta de sensibilidad en medio de tanta indiferencia. Porque como quedó claro en la charla, la discapacidad no puede seguir esperando. Y la empatía tampoco.
Redacción: Jorge Kurrle / C6Digital
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