En un nuevo espacio de diálogo, la licenciada en Educación Técnica Superior Valeria Bertolo compartió en el programa Punto de Vista que conduce Sabrina Spinelli por la plataforma C6Digital con la co conducción de Martín Souza, una mirada clara, sensible y necesaria sobre el rol del acompañante terapéutico, una figura que muchas veces se asocia únicamente a la discapacidad, pero que en realidad tiene un campo de acción mucho más amplio y profundamente humano.

Durante la entrevista, Bertolo explicó que el acompañante terapéutico es un profesional de la salud que se integra a un equipo interdisciplinario para ayudar a dinamizar el tratamiento que comienza en el consultorio, pero que necesita continuidad en la vida cotidiana del paciente.
Su tarea no se limita a “estar al lado”, sino que implica intervenir, sostener, escuchar y reforzar áreas sociales, vinculares y emocionales.

“Muchas veces se piensa que el acompañante terapéutico solamente acompaña a personas con discapacidad, pero también interviene en situaciones de vulnerabilidad, consumos problemáticos, violencia de género, cuidados paliativos y trastornos mentales”, remarcó Bertolo, dejando en claro la amplitud de una profesión que trabaja cerca del dolor, de la recuperación y también de los vínculos.
El acompañante terapéutico también interviene en situaciones de vulnerabilidad, consumos problemáticos, violencia de género, cuidados paliativos y trastornos mentales

La especialista destacó que no existe una edad determinada para necesitar un acompañante terapéutico. Puede ser requerido en la niñez, en el inicio de la escolaridad, en la adolescencia, en la adultez o en la etapa de adulto mayor. Lo que define la intervención no es la edad, sino la situación particular de cada persona y la indicación del equipo profesional.
No existe una edad determinada para necesitar un acompañante terapéutico.

Uno de los momentos más cálidos de la charla llegó cuando la entrevistada habló de aquello que hay detrás del acto de acompañar. Porque acompañar, explicó, también es convertirse en red, en sostén para la familia y en espacio de escucha. En ese vínculo aparece una dimensión profundamente humana: el acompañante ingresa desde afuera a una historia familiar, pero inevitablemente también deja una huella.
Acompañar también es convertirse en red, en sostén para la familia y en espacio de escucha

Bertolo fue clara al señalar que el trabajo debe sostener siempre una mirada ética y profesional. Por eso, remarcó la importancia de la supervisión en cada acompañamiento. Cuando el vínculo deja de ser terapéutico y se vuelve únicamente afectivo, explicó, puede ser necesario ceder el lugar a otro colega para que el tratamiento continúe con nuevos objetivos.
También compartió uno de los mayores aprendizajes de la profesión: no siempre los avances se ven en grandes logros, sino en pequeños gestos. Una persona que logra levantarse, arreglarse, salir o retomar una actividad cotidiana puede estar mostrando que el vínculo funcionó y que el dispositivo terapéutico está en marcha.
No siempre los avances se ven en grandes logros, sino en pequeños gestos
Actualmente, Bertolo preside la Fundación Acompañar, desde donde trabaja especialmente en espacios de supervisión y docencia, aunque recordó con emoción sus años de práctica directa, especialmente junto a jóvenes y jóvenes adultos.
Finalmente, la entrevistada también se refirió al ámbito escolar, donde el acompañante terapéutico cumple el rol de acompañante externo no docente. Allí, aclaró, no reemplaza al maestro integrador ni al docente de grado, sino que trabaja principalmente sobre aspectos conductuales y de acompañamiento específico dentro de la institución.

Acompañar terapéuticamente no es simplemente estar: es saber estar
Una charla necesaria, cercana y esclarecedora, que permitió comprender que acompañar terapéuticamente no es simplemente estar: es saber estar. Es intervenir con respeto, construir vínculo, sostener procesos y ayudar a que cada persona pueda transitar su vida cotidiana con mayor autonomía, contención y dignidad.




