Las estafas virtuales continúan en aumento y generan pérdidas económicas que pueden concretarse en cuestión de minutos a través de engaños digitales cada vez más sofisticados. En ese contexto, el abogado y especialista en derecho del consumo Matías Sebastián Durán advirtió que una sola operación fraudulenta puede implicar montos elevados, como un caso reciente donde la pérdida alcanzó los 1.300.000 pesos tras una transferencia realizada bajo engaño. “Los perdió en menos de 10 minutos”, señaló en el programa Cadena de Noticias, donde analizó el crecimiento de este tipo de delitos vinculados a bancos, billeteras virtuales y aplicaciones de mensajería.
Durán señaló que las estafas virtuales representan uno de los principales problemas actuales en materia de consumo digital. Indicó que los mecanismos delictivos se adaptan de forma constante a los cambios tecnológicos y que la normativa vigente suele quedar rezagada frente a estas prácticas.

Entre las modalidades más frecuentes mencionó las llamadas telefónicas falsas, los mensajes de WhatsApp con pedidos urgentes de dinero y los enlaces fraudulentos. “Te llama tu sobrino, tu mamá está mal o algo así”, explicó al describir el uso de situaciones emocionales para lograr que las víctimas actúen sin verificar la información.

También advirtió sobre correos electrónicos y links que simulan ser entidades bancarias.
El banco en principio no te debería pedir nada”, sostuvo, y remarcó que estas comunicaciones buscan obtener datos personales o claves de acceso a cuentas y aplicaciones financieras.
El especialista agregó que se registran casos de estafas mediante códigos QR en la vía pública y falsas ofertas laborales por internet. “Te ofrecían trabajo a distancia que por tantas reviews te iban a pagar”, relató, en referencia a esquemas donde primero se realiza un pago inicial —por ejemplo, de unos 30 dólares— para luego exigir nuevas transferencias con la promesa de mayores ingresos.

En relación a las víctimas, indicó que los casos más frecuentes afectan a personas mayores o usuarios con menor manejo de herramientas digitales. “Nuestros jubilados son los grandes damnificados”, señaló, y explicó que los estafadores aprovechan situaciones de urgencia o desconocimiento tecnológico para concretar los engaños.

Sobre el destino del dinero, Durán explicó que depende del sistema utilizado. “En las billeteras es un poco más complicado”, afirmó, ya que los fondos pueden ser redistribuidos rápidamente entre múltiples cuentas, lo que dificulta su rastreo. En cambio, en el sistema bancario tradicional sostuvo que existe mayor posibilidad de intervención si la denuncia se realiza de forma inmediata, incluso dentro de los primeros minutos posteriores a la operación.

Finalmente, remarcó que la legislación actual va detrás de la evolución de los delitos digitales y que muchas víctimas no denuncian por vergüenza. Esa falta de registros impide dimensionar la magnitud real del fenómeno, que continúa expandiéndose en paralelo al crecimiento de las operaciones financieras digitales.




