El mercado de la yerba mate muestra un escenario de contrastes: el consumo interno aumentó 3,1% y las exportaciones crecieron 7,3%, mientras que la participación del productor en el precio final cayó de 23% a 13% tras la desregulación. Este cambio, que impulsó una baja de precios en términos reales y mayor competencia, generó un fuerte debate en el sector por su impacto en la rentabilidad primaria y el equilibrio de la cadena.
Los datos difundidos por el Instituto Nacional de la Yerba Mate (Inym) reflejan una mayor dinámica comercial, tanto en el mercado interno como en el externo. El incremento en las ventas consolida a la yerba como un producto de alta demanda sostenida en Argentina, al tiempo que fortalece su posicionamiento en mercados internacionales, donde continúa ampliando su presencia.
Uno de los puntos centrales del nuevo escenario es la eliminación del sistema de fijación de precios mínimos para la hoja verde y la yerba canchada. A partir de esta medida, los valores comenzaron a definirse mediante acuerdos entre privados, sin intervención directa del organismo regulador, lo que modificó el funcionamiento histórico del sector.
Como consecuencia, se registró una mayor competencia entre industrias y marcas, lo que derivó en una baja de los precios en términos reales en góndola. Este efecto favoreció al consumidor, que accede a un producto más económico en relación con otros períodos, aunque también generó un reacomodamiento en la distribución de los ingresos dentro de la cadena productiva.
En este contexto, los productores advierten que el valor de la materia prima no acompañó el incremento de los costos operativos, lo que impacta de forma directa en su rentabilidad. La caída de su participación del 23% al 13% en el precio final es señalada como uno de los principales indicadores de este deterioro, especialmente para pequeños y medianos actores del sector.
Desde el Inym sostienen que la desregulación permitió dinamizar el mercado y mejorar la competitividad, mientras que entidades rurales y cooperativas plantean la necesidad de revisar el esquema para garantizar la sostenibilidad de la producción. Así, el crecimiento del consumo y las exportaciones convive con un escenario de tensión, donde el desafío pasa por equilibrar precios accesibles con condiciones viables para quienes producen la yerba mate.




