Con una nueva cotización difundida este 20 de abril de 2026, el mercado de carnes volvió a dejar una postal clara del consumo en tiempos de bolsillos ajustados: la diferencia entre los valores de la carne misionera de ternera y los precios del Mercado Solidario para cortes de novillo expone dos realidades bien marcadas dentro del mostrador.
En la lista de ternera misionera, los valores más altos se ubicaron en cortes como la nalga a $16.900, el peceto y la cuadrada a $15.900, mientras que el vacío trepó a $14.900 y el matambre, la costilla, la tapa de asado y el corte inglés se posicionaron en $13.900. Más abajo quedaron cortes como el osobuco a $8.400, la aguja a $9.400, la paleta a $9.900 y la falda a $9.500.
Del otro lado, en la grilla del Mercado Solidario, el novillo apareció con precios más accesibles para el público general en varios cortes de consumo masivo. El osobuco se ofreció a $6.900, la aguja a $7.200, la paleta a $7.890, la costilla a $7.900 y la falda a $6.990. Incluso cortes con mayor demanda como el vacío figuraron a $8.900, mientras que la nalga, la pulpa y la carne cortada se ubicaron en torno a los $12.900.
La comparación deja ver que, en varios casos, la distancia entre una categoría y otra supera con comodidad los $4.000 por kilo, especialmente en cortes nobles. Esa brecha no es un dato menor: impacta de lleno en la decisión de compra de las familias, que cada vez miran más el detalle antes de elegir qué llevar a la mesa.
Otro dato que se desprende de la cotización es que el esquema del Mercado Solidario también distingue entre público, reventa y, en algunos casos, un tercer valor de referencia. Allí aparecen diferencias en productos como la nalga, que va de $12.500 para reventa a $13.990 en la referencia más alta, o el lomito, que se mueve entre $17.000 y $18.000. También figuran opciones elaboradas como chorizo grande, chorizo común y morcilla, ampliando la oferta para distintos segmentos de compradores.
En un contexto donde el consumo masivo sigue bajo presión, la carne continúa siendo uno de los productos más sensibles para medir el humor del mercado. La nueva lista deja una certeza: entre la búsqueda de calidad, el precio y la necesidad de sostener el poder de compra, el mostrador sigue siendo un termómetro social y económico de todos los días.






