La reciente caída de la pobreza en Argentina, informada por el Indec, reactivó el debate entre economistas y centros de estudios sobre la consistencia de los datos oficiales. Si bien las cifras muestran una mejora sostenida desde 2024, distintos especialistas advierten que la magnitud del descenso podría estar sobredimensionada en relación con otros indicadores económicos.
Según los datos oficiales, la pobreza pasó del 52,9% en el primer semestre de 2024 al 28,2% en la segunda mitad de 2025, alcanzando su nivel más bajo en siete años. Este retroceso acelerado, especialmente durante el primer año de gestión de Javier Milei, generó interrogantes sobre cuánto responde a una mejora real en los ingresos y cuánto a cuestiones metodológicas.
Diversos informes elaborados por organismos como el CEDLAS, el Banco Provincia, la consultora Equilibra y la UCA coinciden en que la estabilización macroeconómica fue un factor clave. Sin embargo, señalan que este elemento por sí solo no alcanza para explicar la fuerte caída del indicador.
Uno de los puntos centrales del análisis es la falta de correlación entre la baja de la pobreza y la evolución de variables como salarios y jubilaciones. Datos oficiales muestran que los salarios reales registrados se ubicaron por debajo de los niveles de 2023, mientras que las jubilaciones mínimas también evidenciaron una caída significativa en términos reales. En contraste, la Asignación Universal por Hijo (AUH) fue el único ingreso que registró una mejora en el período.
En este contexto, los especialistas identifican tres factores principales que podrían explicar la sobreestimación de la baja. El primero es la mejora en la captación de ingresos en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), tras cambios en el cuestionario que permitieron relevar con mayor precisión ingresos no laborales. Esto habría elevado artificialmente los ingresos declarados.
El segundo factor es el desfasaje entre ingresos y precios en contextos inflacionarios. Mientras los ingresos relevados corresponden a meses anteriores, las canastas básicas se calculan con precios actuales, lo que puede distorsionar la medición, amplificando tanto subas como bajas del indicador.
Por último, se señala el uso de patrones de consumo desactualizados para calcular la Canasta Básica Total. La metodología vigente se basa en datos antiguos que no reflejan cambios recientes en los hábitos de consumo, especialmente el mayor peso de los servicios, lo que también incide en los resultados.
A partir de estos ajustes metodológicos, estimaciones del CEDLAS indican que la caída de la pobreza sería considerablemente menor. En lugar de una reducción de más de 10 puntos porcentuales, la mejora se ubicaría en torno a 1,7 puntos, en línea con la evolución de la actividad económica.
En este marco, los especialistas coinciden en que la baja de la pobreza es un fenómeno real, pero advierten que su magnitud debe analizarse con cautela, en función de las limitaciones que presenta la medición en contextos de alta volatilidad económica.




