El cierre de Le Utthe, una tienda con cerca de 20 años de presencia en el microcentro posadeño, dejó de ser solo la noticia de una persiana baja para convertirse en otra señal de alarma sobre la presión que hoy soporta el comercio tradicional. Detrás de la salida del local de calle Bolívar, la explicación que empieza a imponerse es tan concreta como contundente: un alquiler que habría alcanzado los $15 millones, sumado al peso de los salarios y a una caída persistente de las ventas.
Según pudo saber este medio a partir de fuentes de la empresa, el negocio venía siendo asfixiado por una estructura de costos cada vez más difícil de sostener. A la retracción del consumo se le agregó un escenario fijo cada vez más pesado, con alquiler, sueldos y gastos operativos que terminaron por volver inviable la continuidad de una firma con dos décadas de historia en Posadas.
La situación había sido anticipada públicamente por el secretario adjunto del Centro de Empleados de Comercio de Posadas, Agustín Gómez, quien sostuvo que el cierre no es un hecho aislado, sino parte de una recesión que golpea al comercio local y nacional. El dato duele además por su impacto humano: seis personas quedaron sin empleo tras la baja del local.
Pero detrás de la persiana cerrada también aparece otro punto sensible. De acuerdo con fuentes propias, la firma estaba excluida del pago a cuenta, por lo que no tenía retenciones, y además contaba con todos los trámites aprobados ante ATM. Es decir, no se trataría de una empresa frenada por incumplimientos administrativos ni por trabas fiscales pendientes, sino de un comercio que, aun con su situación formal en regla, no logró sobrevivir a la presión de los costos y a la baja en el movimiento de caja.
Ese dato reordena la discusión. Porque si una empresa con trayectoria, papeles al día y sin ese peso adicional en retenciones igual termina cerrando, entonces el foco vuelve a caer sobre el verdadero problema: la rentabilidad se evaporó. En otras palabras, el negocio no se cayó por una irregularidad, sino por una cuenta que dejó de cerrar.
En ese marco, también cobra más fuerza la advertencia que viene haciendo el sector mercantil sobre el rol de los programas provinciales. Gómez remarcó que herramientas como Ahora representan cerca del 70% de las ventas en muchos comercios y funcionan hoy como un salvavidas para sostener la actividad. Lo de Le Utthe, entonces, no solo expone el drama de un cierre emblemático, sino también la fragilidad de un ecosistema comercial que depende cada vez más de medidas de contención para seguir de pie.
La salida de otra tienda tradicional del centro posadeño vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: cuántos comercios más pueden resistir cuando el alquiler se dispara, los costos laborales se mantienen y el consumo no acompaña. En esa tensión, Le Utthe terminó cediendo. Y su cierre ya no habla solo de un local que se va: habla de un modelo comercial que empieza a quedar al límite.




