Redacción C6Digital – Jorge Kurrle
La violencia en las escuelas, el deterioro de la salud mental adolescente y la dificultad de muchas familias para acompañar a tiempo forman parte de una preocupación que dejó de ser aislada. En diálogo con Emilia Lunge, psicóloga y directora de Políticas Estudiantiles, el periodista Jorge Kurrle abordó una problemática que hoy atraviesa a las instituciones educativas en Misiones y en todo el país: cómo prevenir, cómo intervenir y, sobre todo, cómo reconstruir el vínculo entre escuela, Estado y familia.
Lunge explicó que el área que conduce trabaja sobre centros de estudiantes, convivencia escolar y protocolos de abordaje integral vinculados a violencia y salud mental. En ese marco, sostuvo que los episodios recientes de violencia escolar deben leerse dentro de un contexto más amplio, marcado por el malestar social, la influencia de las redes y una baja tolerancia a la frustración.
Estamos en un contexto social, no solamente a nivel nacional, sino a nivel mundial, donde todo lo que tiene que ver con la violencia está de alguna manera exacerbado”, advirtió.

Durante la entrevista, Jorge Kurrle puso el foco en el impacto que estos casos generan dentro y fuera del aula. Al referirse al caso de la escuela de San Antonio, que tomó notoriedad nacional, preguntó cómo se trabaja institucionalmente una situación que deja marca incluso antes de que se conozcan con precisión todas sus causas. La respuesta de Lunge fue cautelosa: remarcó que aún hay un proceso de investigación en curso y que, por eso, no se debe transformar una presunción en un hecho consumado. Pero aun con esa prudencia, dejó en claro que el trabajo con estudiantes y docentes debe comenzar de inmediato, porque el daño simbólico y emocional ya existe.
Ahí apareció una de las claves más fuertes de la conversación. Jorge Kurrle observó que, más allá de la confirmación o no de los hechos, estos episodios dejan huella en otros alumnos que consumen la noticia, la comentan en redes y la incorporan desde el miedo o la identificación. Lunge coincidió y señaló que no se trata de hechos aislados ni exclusivos de una provincia o de un país: también mencionó episodios recientes en el exterior, como parte de una tendencia global que exige respuestas preventivas y no meramente reactivas.
La única manera es la prevención y necesitamos poder trabajar escuela y familia”, resumió.
La entrevista avanzó entonces hacia un terreno incómodo pero central: el rol de los padres. Jorge Kurrle planteó con claridad una inquietud que atraviesa hoy a buena parte de la comunidad educativa: quién protege a los chicos cuando la escuela ya hizo todo lo que estaba a su alcance. Lunge respondió con una definición concreta: el Estado pone gabinetes, protocolos y herramientas, pero los estudiantes pasan solo una parte del día dentro de la escuela. El resto del tiempo transcurre en otros ámbitos, principalmente el hogar y el ecosistema digital. Y allí, dijo, la participación de las familias es decisiva. Sin embargo, también reconoció una dificultad creciente: cuando se convoca a los padres para trabajar herramientas de prevención, la respuesta suele ser escasa, aun cuando se cambian horarios y modalidades para facilitar la asistencia.
En otro tramo destacado, Jorge Kurrle consultó si este tipo de situaciones genera un efecto de contagio, del mismo modo que ocurre en los casos de suicidio cuando no se abordan correctamente. Lunge fue enfática: “El efecto contagio existe, no es un mito”. Pero aclaró algo fundamental: el error no es hablar, sino hablar mal o dejar que el rumor ocupe el lugar del acompañamiento. Según explicó, la privacidad de cada historia debe resguardarse, pero la escuela no puede callar lo que emocionalmente moviliza a los estudiantes. Por eso, cuando una comunidad educativa atraviesa una pérdida por suicidio, el abordaje puede extenderse durante un año entero, con presencia intensiva en los primeros meses y un trabajo progresivo para ayudar a restablecer cierta normalidad.
La conversación también abrió un capítulo inevitable: el vínculo entre niñez, adolescencia y tecnología. Allí Jorge Kurrle aportó una mirada editorial fuerte al recordar que muchas veces el problema no se agota en la escuela, sino que continúa en los celulares, en el uso indiscriminado de redes y en la falta de límites de los adultos. Lunge reforzó esa línea al señalar que la ciudadanía digital puede enseñarse en el aula, pero el acceso libre a redes sociales a edades tempranas es una responsabilidad de los mayores. “Necesitamos dialogar sobre esto”, insistió, al advertir que muchos chicos no tienen dimensión de lo que publican ni de la exposición emocional que eso implica.

Sobre ese punto, la intervención periodística de Jorge Kurrle fue más allá del formato de pregunta y se convirtió en reflexión al aire. Al unir lo dicho por Emilia Lunge con antecedentes recientes y con entrevistas previas sobre educación, planteó que el problema actual no se limita al bullying o a episodios extremos de violencia, sino que remite a una crisis más profunda de autoridad, acompañamiento y límites. En ese razonamiento, sostuvo que muchas veces “el problema está después”, fuera del aula, en la convivencia cotidiana, en el consumo cultural sin filtros y en una exposición digital que avanza más rápido que la capacidad adulta para contenerla.
En esa misma línea, Kurrle enlazó la entrevista con otras voces y ejemplos culturales para reforzar una idea de fondo: decir que no también educa. Al traer a la conversación referencias sobre contenidos no adecuados para chicos, canciones hipersexualizadas, videos compartidos sin criterio y la lógica de la pantalla como sustituto del vínculo, el periodista construyó una conclusión clara: la prevención no empieza cuando estalla el conflicto, sino mucho antes, en las decisiones pequeñas y cotidianas de cada familia. 
Lunge, por su parte, aportó otro dato sensible: según explicó, en los más de 300 casos de atención en crisis relevados el año pasado, los episodios vinculados directamente al acoso escolar fueron minoritarios. Apenas una pequeña proporción. La mayoría de las situaciones estuvo asociada a consumos problemáticos, violencia familiar, abuso, vulnerabilidad social y dificultades socioeconómicas. Es decir, la escuela recibe muchas veces la expresión visible de conflictos mucho más complejos que se originan fuera de ella. 
La nota dejó, en definitiva, una advertencia y un desafío. La advertencia es que la violencia juvenil, los padecimientos emocionales y la exposición digital no pueden seguir siendo leídos como fenómenos aislados. El desafío es más incómodo: asumir que ninguna escuela, por más comprometida que esté, puede resolver sola lo que una sociedad entera está dejando crecer. En esa trama, la intervención de Jorge Kurrle no solo ordenó la entrevista, sino que la llevó hacia una pregunta de fondo: qué nos está pasando como adultos cuando el límite, el cuidado y la presencia empiezan a volverse excepcionales.




