Se trata de la calle Dutra Moraez, única arteria que comunica las avenidas Santa Catalina y Tomás Guido, donde conductores desaprensivos pisan el acelerador de sus más diversos rodados, lo que provocó la muerte -por atropellamiento- de varias mascotas en los últimos años.
A los permanentes excesos de velocidad, hay que sumar la ausencia de carteles que indiquen el nombre de la calle y que es doble mano. Antes, fue una vía terrada, empedrada y finalmente asfaltada, pero eternamente olvidada por los sucesivos jefes comunales que, únicamente, se acercaron en períodos electorales para después desaparecer. Eso si, en la arteria hay un galpón que alquila la municipalidad, sin cartel identificatorio, pero que registra intenso movimientos en época de comicios. Ello provocó que los camiones que arribaban al lugar, para descargar todo tipo de mercaderías, rompieran veredas y echaran por tierra cables de telefonía, TV por cable e internet, sin que el propietario del galpón se hiciera eco de las quejas de los vecinos.

Justo es decir también que, recesión mediante, ha mermado la presencia de vehículos municipales que llegan al lugar.
En la zona también -hacia avenida Santa Catalina-, suelen arribar camiones semiremolques a una empresa que vende mármoles y otro depósito de bebidas alcohólicas, cuyos propietarios suelen cerrar con conos la calle, hasta que descarguen sus mercaderías, a cualquier hora del día. Algo insólito, por la ausencia de control municipal.

Si bien es cierto que hay diminutos carteles que avisan: «Niños jugando», los automovilistas y motociclistas parecen no leerlos o prefieren, directamente, ignorarlos.
«Necesitamos que la Municipalidad coloque, por los menos, cuatro lomos de burro. Dos entre calle Rocamora y avenida Tomás Guido y otras dos entre avenida Santa Catalina y Rocamora. Es solo venir a ver el tránsito alocado que a diario soportamos en la zona, porque no hay otra calle que comunique ambas avenidas», se quejó Germán, vecino del sector.





