En el segmento Activa Evolución de Cadena Noticias, la nutricionista Florencia Silva analizó la diferencia entre el hambre real y el hambre emocional, una temática vinculada a los hábitos alimentarios cotidianos y a la forma en que las emociones influyen en la elección y el consumo de alimentos. Durante la entrevista, explicó por qué muchas personas sienten hambre sin poder identificar su origen y cómo esta confusión impacta en la relación con la comida.
Silva explicó que el hambre real responde a una necesidad fisiológica del organismo y aparece de manera progresiva. “El hambre real es algo fisiológico del cuerpo que aparece como una sensación de vacío o ruidos en el estómago, generalmente después de pasar varias horas sin comer”, señaló durante la entrevista.

Según la especialista, una de las características centrales del hambre real es que se satisface con cualquier tipo de comida. “Cuando tenés hambre de verdad, no es que querés un alimento específico, comés lo que haya”, afirmó, y agregó que también puede estar acompañada por falta de energía, dependiendo del tiempo transcurrido desde la última ingesta.
En contraste, la nutricionista se refirió al hambre emocional como una respuesta ligada a estados anímicos y no a una necesidad biológica. “Esta aparece de golpe y suele estar asociada a un alimento puntual, generalmente cosas dulces como chocolate o alfajores”, indicó. Además, sostuvo que detrás de este tipo de hambre “muchas veces hay cansancio, estrés, ansiedad, enojo o aburrimiento”.
Durante la charla, Silva advirtió sobre el picoteo frecuente y no registrado.
En consulta vemos muchas personas que dicen no entender por qué no bajan de peso y, cuando hacemos un registro alimentario, aparece que picotean varias veces al día sin darse cuenta”.
Como herramienta, la nutricionista presentó la técnica de la alimentación consciente o Mindful Eating. “No es una técnica para bajar de peso, sino una herramienta para aprender a comer mejor”, aclaró. Entre los pasos mencionó identificar si hay hambre real, respirar antes de comer, evitar distracciones y masticar con atención. “La idea es reeducarnos no solo en qué comemos, sino en la forma en que lo hacemos”, concluyó.




