Carlos Goncalves, licenciado especializado en psicología clínica y magister, dijo que el suicidio es una enfermedad como cualquier otra y la sociedad debiera derribar mitos y tabúes para prevenir la patología y encarar un tratamiento precoz que también “´redice una buena evolución”.
Puntualizó que “no hay evidencia científica que avale los asertos comunes: el que se quiere matar se mata, el que avisa no se mata”. Y señaló que la persona que tiene el problema avisa, da señales a su manera, que pueden advertir tu círculo familiar, sus amigos: cambios en la conducta, en el ciclo del sueño, en la conducta sexual.
Y apelar entonces a uno de los medicamentos más potentes que tiene la persona: la palabra. Preguntar qué e sucede, si desea hablar a la persona que muestra cambios de conducta paa encarara después un tratamiento profesional. “El hablar ahorra mucho tiempo al profesional, habilitar un espacio para la comunicación puede ser de gran ayuda de parte del grupo de apoyo#”.
Añade: “después está todo lo que hacemos los profesionales, en la guardia del hospital o en el consultorio. Por suerte hoy en día hay protocolos; hay cosas que se hacen y otras que sabemos no se hacen en esas situaciones. Y se pueden salvar muchas vidas”.
Explicó que “la estimación global es que por cada suicidio consumado hay por lo menos 20 intentos. Da una idea del vigor que tiene esta problemática en la sociedad. La progresión de las estimaciones estadísticas de la Organización Mundial de la Salud nos dice que estamos rondando casi un tercio de la población mundial a la que, en algún momento, se le pasa esto por la cabeza. También sabemos que, por ejemplo, la depresión es una de las mayores causas de incapacidad laboral en el mundo, por sobre accidentes traumáticos”.
Prevenir el suicidio: La palabra, uno de los medicamentos más potentes de la historia
Carlos Goncalves, licenciado especializado en psicología clínica y magister, dijo que el suicidio es una enfermedad como cualquier otra y la sociedad debiera derribar mitos y tabúes para prevenir la patología y encarar un tratamiento precoz que también “´redice una buena evolución”.
Puntualizó que “no hay evidencia científica que avale los asertos comunes: el que se quiere matar se mata, el que avisa no se mata”. Y señaló que la persona que tiene el problema avisa, da señales a su manera, que pueden advertir tu círculo familiar, sus amigos: cambios en la conducta, en el ciclo del sueño, en la conducta sexual.
Y apelar entonces a uno de los medicamentos más potentes que tiene la persona: la palabra. Preguntar qué e sucede, si desea hablar a la persona que muestra cambios de conducta paa encarara después un tratamiento profesional. “El hablar ahorra mucho tiempo al profesional, habilitar un espacio para la comunicación puede ser de gran ayuda de parte del grupo de apoyo#”.
Añade: “después está todo lo que hacemos los profesionales, en la guardia del hospital o en el consultorio. Por suerte hoy en día hay protocolos; hay cosas que se hacen y otras que sabemos no se hacen en esas situaciones. Y se pueden salvar muchas vidas”.
Explicó que “la estimación global es que por cada suicidio consumado hay por lo menos 20 intentos. Da una idea del vigor que tiene esta problemática en la sociedad. La progresión de las estimaciones estadísticas de la Organización Mundial de la Salud nos dice que estamos rondando casi un tercio de la población mundial a la que, en algún momento, se le pasa esto por la cabeza. También sabemos que, por ejemplo, la depresión es una de las mayores causas de incapacidad laboral en el mundo, por sobre accidentes traumáticos”.
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— Jorge Kurrle (@jorgekurrle) September 15, 2023