"La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre"

pastorales
DOMINGO 19 DE MARZO DE 2017 - 08:29

El obispo de la Diócesis de Posadas, Juan Rubén Martínez, en su Carta pastoral para la Cuaresma 2017 reflexiona sobre algunos aspectos esenciales de la vida cristiana, cuya profundización -dice- ayudará a vivir mejor la vocación discipular.

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«LA CONCIENCIA, SAGRARIO DEL HOMBRE»

Carta pastoral de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para la Cuaresma 2017

Tercera parte  [19 de marzo de 2017]

Queridos hermanos y hermanas:

En esta carta pastoral de Cuaresma venimos reflexionando sobre algunos aspectos esenciales de nuestra vida cristiana, cuya profundización nos ayudará a vivir mejor nuestra vocación discipular. La constitución pastoral Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el mundo actual al referirse a la dignidad de la Conciencia moral dice que « En lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla. Es la conciencia la que de modo admirable da a conocer esa ley cuyo cumplimiento consiste en el amor de Dios y del prójimo». (GS 16).

Sobre este tema de la ley y la observancia de los preceptos, San Agustín reflexiona: «¿Es el amor el que nos hace observar los mandamientos, o bien es la observancia de los mandamientos la que hace nacer el amor?». Y responde: «Pero ¿quién puede dudar de que el amor precede a la observancia? En efecto, quien no ama está sin motivaciones para guardar los mandamientos» (Tratado sobre el Evangelio de Juan 82, 3).

Sobre el camino eclesial del discípulo que debe obrar maduramente según su conciencia, lamentablemente hemos reflexionado muy poco, y sin embargo, es fundamental para que todos, pero sobre todo el laicado, obre libremente desde su propia vocación y misión.

Debemos señalar que el camino del discipulado muchas veces tiene como dificultad la fuerte tendencia a lo que llamamos clericalismo. Algunas veces fomentado por el mismo clero que se aferra a actitudes autoritarias con un pastoreo sin respeto y misericordia que siempre termina por dañar la participación de los otros bautizados. Pero también abundan los laicos clericalistas que no obran con responsabilidad y antes que discernir sus propias realidades prefieren cargar su responsabilidad en otros, sin decidir desde su conciencia las coyunturas que son propias desde su vocación y misión.

Considero oportuno compartir una reflexión del santo Papa Juan Pablo II en la Encíclica Veritatis Splendor en la que señala: «El mismo texto de la carta a los Romanos, que nos ha presentado la esencia de la ley natural, indica también el sentido bíblico de la conciencia, especialmente en su vinculación específica con la ley: “Cuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, sin tener ley, para sí mismos son ley; como quienes muestran tener la realidad de esa ley escrita en su corazón, atestiguándolo su conciencia con sus juicios contrapuestos que los acusan y también los defienden” (Rm 2, 14-15).

Según las palabras de san Pablo, la conciencia, en cierto modo, pone al hombre ante la ley, siendo ella misma «testigo» para el hombre: testigo de su fidelidad o infidelidad a la ley, o sea, de su esencial rectitud o maldad moral. La conciencia es el único testigo. Lo que sucede en la intimidad de la persona está oculto a la vista de los demás desde fuera. La conciencia dirige su testimonio solamente hacia la persona misma. Y, a su vez, sólo la persona conoce la propia respuesta a la voz de la conciencia» (VS 57).

Que el Espíritu Santo siga iluminando nuestro camino cuaresmal que nos prepara para la celebración de la Pascua. Que podamos asumir con coraje y responsabilidad la misión que el Señor nos encomienda siendo discípulos y misioneros suyos.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas.



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